Inteligencia Emocional

Publicado: marzo 13, 2012 en NOTICIAS DE INTERES

Si de repente alguien le preguntara: ¿Sabe usted sufrir?, seguramente respondería desconcertado: ¿Acaso es posible aprender eso?…
La mayoría de los seres humanos desconocemos cómo lidiar con nuestros estados de ánimo: casi nunca nos detenemos a pensar cómo nos sentimos, por qué nos sentimos así o si podríamos sentirnos de otra manera.

Desde pequeños, escuela y familia nos enseñaron a valorar el grado de inteligencia y éxito de las personas a partir de sus habilidades intelectuales. Sin embargo, existen otras maneras de ser inteligente: la capacidad para manejar con eficiencia nuestras emociones y sentimientos es una de ellas.

Inteligencia Emocional:

La habilidad para equilibrar y manejar nuestros estados de ánimo se conoce como inteligencia emocional. Esta nos permite desempeñarnos con armonía y éxito, manteniendo relaciones sanas y positivas con los demás. Este tipo de inteligencia puede tener una influencia decisiva en nuestra vida. Una persona con un buen manejo de sus emociones suele tener más éxito y felicidad que alguien con habilidades intelectuales sobresalientes, pero con dificultades para manejar sus pasiones e impulsos.

La inteligencia emocional puede perfeccionarse y educarse a lo largo de la vida. Al nacer poseemos rasgos genéticos que influyen en nuestro temperamento, pero que pueden modificarse con el tiempo si tenemos la voluntad de hacerlo. La infancia y la adolescencia son etapas en las que se adquiere la mayor parte de los hábitos emocionales que regirán nuestro comportamiento futuro. La pubertad nos inunda con nuevos sentimientos y emociones que nos adoptan cualidades, tanto masculinas como femeninas, más allá de nuestra estructura corporal.

Es claro que aprender a educar y conducir nuestros estados de ánimo es algo que no se logra en un par de días. La compleja relación que existe entre el mundo oculto y misterioso de los sentimientos y las diferentes esferas de nuestra existencia se convierte en una disciplina que debemos practicar durante toda la vida.

Las emociones son energía pura, natural e inevitable; surgen y desaparecen. Son ciclos y movimientos breves o prolongados: amor y odio, alegría y furia, miedo y paz interior. Celos, confianza, rencores, perdón, envidias y afecto son fuerzas capaces de generar armonía y de producir impulsos que se anclan en luchas eternas.

La actitud que tenemos ante la vida, el mundo y las cosas que nos rodean determina, o cuando menos afecta la manera en que vivimos. Dos son las opciones que se abren ante nosotros: atorarnos en el miedo y subsistir en la frustración, la inseguridad y la angustia, o aprender a vivir desde la motivación, la alegría y la ilusión, disfrutando la belleza del momento presente.

Todo sentimiento puede transformarse en algo positivo: el reto no es sentirse bien, son asumir el mundo y los sentimientos tal cual son, y convertir el dolor en una oportunidad para crecer.

Podemos identificar algunos pasos que nos permiten conducir, liberar y trabajar el complejo mundo de nuestras emociones:

  1. Reconocer lo que siente nuestro cuerpo. 
    Sentir nuestra respiración nos ayuda a entrar en contacto con nosotros mismos para percibir con atención lo que pasa ahí dentro. Puede decirse que estamos más acostumbrados a revisar lo que pasa por nuestra cabeza que lo que sucede en nuestro corazón o lo que siente nuestro cuerpo.

  2. Desahogarnos. 
    Sacar de forma positiva los estados de ánimo alterados, utilizando la escritura, el dibujo, el baile.

  3. Sentir empatía, aprender a ponerse en los zapatos del otro. 
    Observar y entender al otro, respetarlo, ser empático y aprender a comprenderlo, son la base de las relaciones armónicas con los demás.

  4. Establecer armónicas con nosotros mismos. 
    Hay que recuperar la conexión entre nuestra conciencia y lo que sentimos. Con el tiempo aprendemos a preguntar a nuestro cuerpo qué necesita; si sabemos escucharlo, nos contestará.

En busca de la armonía:

Lograr armonía entre nuestra racionalidad y nuestras emociones no consiste en reprimir lo que sentimos, o avergonzarnos de nuestra debilidad, confusión o exaltación. Cada sentimiento tiene su valor y sentido. Lo esencial es detectar la emoción observarla y escucharla. Aquellos que incorporan sus emociones al acto de vivir tendrán mayor disfrute y posibilidades de éxito. Cuando existe ese equilibrio reinan el amor, la salud, la felicidad, el regocijo, la creatividad y la satisfacción.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s