LOS PADRES Y LAS MADRES ANTE EL PROBLEMA DE LAS DROGODEPENDENCIAS

Publicado: agosto 24, 2012 en INFORMACIÓN VARIADA
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Es imposible pensar en la realidad de las drogodependencias sin que la familia aparezca en el análisis. Como afectada, como moduladora o mediadora ante los problemas de las drogas, la organización familiar tiene un peso importante en todo esfuerzo por entender los fenómenos asociados a las drogas y por responder, en cualquier plano, a los problemas que presentan. Vamos aquí, por razones de espacio y de oportunidad, a centrarnos en la dimensión preventiva que indudablemente juegan las madres y los padres.

Los padres y madres son en primer lugar consumidores de drogas. Alcohol, tabaco, cafeína, fármacos y otras sustancias legales entran en las familias de manos de los adultos. Así, alrededor de este primer consumo, se define un primer foco de interés tanto preventivo como asistencial. Nuestra mirada atenta a la infancia y la juventud parece restar importancia a las características de un problema que tiene en sí una envergadura importante. Importante para los consumidores adultos, padres y madres y otros parientes, que poseen una serie de estereotipos y prejuicios no ajustados a la realidad que obran negativamente para su salud y que en ocasiones se encuentran en situación de riesgo. Hablamos aquí de atribuciones benéficas para el vino y otros alcoholes, el uso incontrolado de psicofármacos o el abuso constante de tabaco, además del pequeño pero no por ello menos problemático número de padres y madres consumidores adictivos de drogas ilegales.

Esta realidad, extendida en muchos hogares, tiene otra consecuencia no menos impactante. Al producirse estos consumos ante las generaciones más jóvenes, éstas realizan un importante aprendizaje sobre los usos y formas de consumo de las drogas mencionadas. Los psicólogos llaman aprendizaje vicario a aquel que se realiza viendo como otros hacen. En este caso se trata de un aprendizaje realizado sobre unos modelos importantes, unos ejemplos de socialización.

Unamos a todo lo dicho un comportamiento paradójico: a la vez que son muchos los padres y madres que piden que se eleven las edades en las que legalmente sea posible beber alcohol, un importante porcentaje de padres y madres invita o tolera a que sus hijos e hijas de menos de 16 años consuman alcohol en casa.

Mucho se ha escrito sobre las estrategias preventivas que los padres y madres pueden desarrollar: potenciar la autoestima y la asertividad, educar para el ocio y el tiempo libre, desarrollar técnicas para resistir la presión del grupo de iguales, entrenar para la toma de decisiones, etc. Aquí vamos a señalar tres campos estratégicos, relacionados con la socialización para la independencia, el desarrollo de canales de comunicación y la información, veraz y desdramatizada, sobre drogas.

En primer lugar es importante tener presente que el proceso de maduración e individualización de los seres humanos ha de dirigirse al objetivo de conseguir el mayor grado de autonomía e independencia de las personas. Esto debe ser concebido como una educación para la libertad que sea capaz de facilitar a cada joven suficientes elementos de juicio, informaciones y valores como para que cada chico o cada chica que se incorpore a nuestra sociedad como un adulto sea capaz de tomar sus propias decisiones y asumir sus responsabilidades. Y para esto no se puede esperar a que los hijos cumplan 18 años.

Junto a esto, es importante que los padres y las madres sean capaces de construir canales de comunicación en los que puedan compartir, discutir y disentir con sus hijas y sus hijos. Es mucho más fácil en este sentido construir hábitos tempranos de diálogo alimentados y revisados en cada etapa evolutiva de los niños y de la familia (recordemos aquí que no sólo la infancia evoluciona) que cavar túneles entre muros sostenidos por la distancia, la incomprensión o la indiferencia.

Por último, los padres y las madres deben tener información específica sobre drogas. Información que debe servir para detectar señales de peligro en los consumos de cualquier miembro de la familia y hablar de drogas con conocimiento de causa. La información no debe versar sólo sobre las sustancias, evidentemente tanto legales como ilegales. También es importante conocer cuestiones relacionadas con los contextos, tipos y pautas de consumo, de manera que los padres y las madres sepan, por ejemplo, distinguir entre un consumo experimental y un consumo adictivo. Otro eje informativo fundamental pasa por facilitar datos sobre los recursos preventivos y asistenciales donde se puede buscar ayuda ante una duda o un problema. Junto a esto aparecen una buena cantidad de tópicos utilizados en prevención: educación para la salud, para el tiempo libre, para el consumo, etc. que suelen tratarse en programas educativos sobre drogas dirigidos a padres y madres.

Sin ubicarnos en una posición posmodernamente pesimista, podemos decir que junto a todas las ventajas que hoy en día tienen los padres y madres para desempeñar su labor parental, ciertamente existen dificultades y carencias sociales con las que muchas personas pueden encontrarse. No podemos esperar que los padres y madres hagan masters de drogodependencias, sexología, consumo, educación vial, etc.. Tampoco podemos en ningún modo pretender, a estas alturas de siglo y después de los aportes de las ciencias sociales, que sean los padres los responsables últimos de la educación y el crecimiento de sus hijos e hijas. Por ello es fundamental revisar qué dispositivos asistenciales y preventivos deben responder a las necesidades de las familias. Y con esto nos referimos tanto a recursos específicos sobre drogodependencias, existentes o de nueva creación, como a otros servicios educativos, sanitarios y comunitarios que estando ahí, podrían situarse mucho más cerca de las necesidades y deseos de los ciudadanos.

Junto a la responsabilidad de las instituciones públicas, es importante contar con la iniciativa social en este marco. Las asociaciones ciudadanas son un espacio magnífico para sensibilizar, informar y formar preventivamente a los padres y madres, detectar precozmente la emergencia de problemas en cualquier comunidad y servir de nexo con las instituciones de ayuda ante los consumos problemáticos de drogas. Una Asociación de Padres y Madres de alumnos, como una Asociación de Vecinos o cualquier otra institución social que organice la iniciativa ciudadana puede convertirse en un espacio magnífico de aprendizaje, orientación y prevención ante las drogodependencias.

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