CÓDIGO DE LOS PRESOS

Publicado: septiembre 24, 2012 en INFORMACIÓN VARIADA
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Entre los individuos recluidos en prisión se genera un sistema social muy particular que difiere del sistema social formal de la prisión, caracterizado por poseer y definir roles, valores y sanciones; configurándose un código de conducta que marca la pauta comportamental entre los reclusos. La hipótesis que se maneja en el presente trabajo, es que este sistema social acarrea tres consecuencias: la primera: se da una doble penalización para el interno; la segunda: la prisión deja de ser un lugar donde se cumple la pena y se convierte en un suplicio en si mismo; y tercera: la prisión pasa a tener un efecto persuasivo equivalente o mayor al que posee la pena formal.

Durante la última década del siglo pasado y los primeros años de este nuevo siglo, los problemas penitenciarios en el país han ocupado gran parte de los titulares periodísticos y han generado zozobra y desconcierto en la población venezolana. Todo ello marcado por los altos índices de violencia interna en las prisiones, situaciones de extrema violencia como alzamiento de presos, protestas, motines, entre otros. El acento y la frecuencia con que tales eventos se producen ha coadyuvado a que las prisiones de nuestro país sigan siendo percibidas, nacional como internacionalmente como infiernos dantescos donde se hacinan personas sin distinción por el tipo de delito cometido, estado mental, condiciones físicas, nivel de agresividad, entre otros.

Espacialmente tales infiernos se ubican en una inadecuada infraestructura física, por la ausencia de una normativa básica relacionada con este tipo de establecimiento, lo cual implica que en nada puede considerarse espacios óptimos para el tratamiento de sujetos delincuentes.

Ilustran esta realidad los 253 reclusos asesinados en las cárceles Venezolanas en el año 2002, lo que se traduce en 5 muertes por semana, mientras que en riñas carcelarias resultaron heridos 1.519 (Borges, 2003). Según el informe del Programa Educación Acción en Derechos Humanos (PROVEA, 2004) para el 2003 se registraron 1.428 lesionados y 402 homicidios en las prisiones del país (para un total de 1.830 reclusos víctimas de hechos violentos).

En el año 2006, fueron asesinados en las cárceles más de 400 reclusos, mientras que aproximadamente 1000 resultaron heridos. En el 2007 la cifra se incrementó a 1023 heridos y casi 500 muertos, lo que refleja una tasa de 21 internos muertos y 49 heridos por cada 1000 reclusos (Observatorio Venezolano de Prisiones, 2006; 2007). Como se observa hay una disminución de las cifras brutas de heridos en las prisiones del país entre estos períodos; sin embargo, no es la magnitud de las cifras lo que nos llama a reflexión, sino la crueldad y la frecuencia con la que se cometen.

La situación se agrava por la incompetencia por parte de los organismos de dirección de las prisiones para controlar y prevenir estos hechos. Así, las prisiones se convierten en “tierra sin ley”, en las que se conjugan todos los elementos señalados generando el escenario perfecto para un constante clima violento. Las prisiones en el país se han venido consolidando en ese modelo Freddy A. Crespo P. y Mireya Bolaños G. 56 Cap. Crim. Vol. 37, Nº 2 (Abril-Junio 2009) 53 – 72 de territorio de guerra constante en el que impera la ley natural de sobrevivencia del más fuerte (física y psíquicamente), donde las autoridades intervienen sólo pretendiendo ser una suerte de puente de comunicación entre
los internos y el sistema legal que conduce su ejecución penal, mostrando su incompetencia para controlar el mundo propio de los internos.
Esta realidad considerada como una subcultura del prisionero, es reconocida como un código conductual por el que se rige el sistema de vida de los internos en el país (Ministerio de Interior y Justicia, MIP, 2005). En dicho código se configura un sistema de valores muy significativos para la vida en prisión, cuya no asimilación puede generar frecuentes sanciones, que van desde la expulsión de los subgrupos hasta la muerte, todo ello sustentado tanto en la carrera delictiva de los reclusos como en las frecuentes omisiones de control y vigilancia sobre los internos por parte de la dirección de estos establecimientos.

Partiendo de que se trata de un sistema normativo informal, tales “normas” de vida deben ser acatadas por los internos, sometiéndolos a actuar conforme a ese código de valores que rigen esa subcultura. De allí que es lógico pensar que la estancia en prisión se convierte en un fuerte suplicio para la persona, ya que, además de otros efectos típicos del encarcelamiento, debe asumir formas de vida con normas y valores que en la mayoría de los casos resultan, no solo completamente distintos a los que estaba habituado en su vida extramuros, sino que también pueden resultar completamente contrarios a los principios más elementales de una vida promedio. Podría pensarse también que los conflictos que se generan en la adaptación a este nuevo sistema de vida, en especial la persuasión que producen las sanciones al incumplimiento de tales normas, generan en el individuo recluido una doble penalización manteniéndole en
alerta permanente, tratando de buscar un equilibrio entre ajustarse a la nueva forma de vida que se le impone al tiempo de no permitir abusos o extralimitaciones en lo que considere sus principios de vida como individuo.

En resumen la vida o el sistema carcelario es un sistema totalemente separado de conglomera social, esta fuera de la estructura del estado, debido a esto el estado no le importa el sistema penitenciario. Debemos empezar por cambiar a nuestra sociedad y decir que antiguo reclusos si representan un valor agradable para la sociedad y que si merecen las garantias necesaria del Estado y la sociedad.

Les dejo un material que consegui en mis archivos y que lo lei este fin de semana y es bueno de analizar….

CODIGO DEL PRESO

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