ANÁLISIS Y REFLEXIÓN SOBRE LOS DISCURSOS DEL SISTEMA PENAL

Publicado: octubre 1, 2012 en INFORMACIÓN VARIADA
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Para comenzar a analizar lo que son los distintos discursos del sistema penal, primeramente tenemos que ver cuales son éstos básicamente, y de que trata cada uno de ellos. Cuando se analizan los discursos o argumentos con que cada uno de los sectores convergentes en el sistema penal trata de explicar y justificar su participación, vemos que no hay una única ideología del sistema penal, sino una pluralidad de ideologías que se traducen en la multiplicidad de los discursos.   Así, podemos ver dos tipos de discursos, los externos, que son explicaciones por lo general al público o a las autoridades. Y los de justificación interna, o sea, los que se dirigen al propio grupo o sub-grupo y que rara vez trascienden los estrechos límites de los participantes del mismo. Entonces que dentro los discursos externos tenemos al discurso jurídico o judicial, por regla general es garantizador, basado en el retribucionismo o en la resocialización.

Este discurso desarrolla su propia cultura: paradigmática, legalista, reglamentaria, de mero análisis de la letra de la ley, con clara tendencia a la burocratización. El discurso policial, que es propiamente moralizante, lo cual no oculta su tendencia burocratizante. El discurso penitenciario, el cual es predominantemente de tratamiento o terapéutico, entre básicamente otros más. Aquí podemos ver que en estos ejemplos de lo que son básicamente los discurso de los diferentes sectores del sistema penal, que hay una notoria separación de funciones con contradicción de discursos y actitudes, lo que da por resultado una compartimentalización del dichoso sistema penal. Y es que esto lo vemos todos los días, y talvez esa es la razón de que nuestro sistema penal no funcione como debiera funcionar: los policías actúan ignorando el discurso judicial; la instrucción judicial ignora la actividad, el discurso y la actividad sentenciadora; el discurso penitenciario ignora las contradicciones de la policía, que no coincide con el discurso de mayor aislamiento, hasta que el discurso penitenciario ignora todo lo anteriormente mencionado.

Se supone que la palabra “sistema”, denota una armonía y trabajo coordinado para un fin, y éste fin debería estar bien claro y presente en los distintos discursos que emanan de éste sistema: la protección a los bienes jurídicos y valores ético sociales, la defensa social y los diferentes tipos de prevenciones a través del control social formalizado y con discurso punitivo que esta representado por ellos. Pero que sucede hoy en día, en vez de emanar orden del sistema penal, se emana la posición antagónica a éste orden: el desorden. Lo que quiérase o no, genera también desorden, no solo entre los diferentes sectores de dicho sistema, sino que también esto repercute en la sociedad, que día a día tiene que soportar los papelones que de este tipo de entretelones salen, y al ver que el sistema penal no funciona toman hoy en día la justicia bajo sus propias manos, llamando a esta última la supuesta “justicia comunitaria”.

Pareciera que cada uno de estos segmentos pretendiera apropiarse de una parte mayor del sistema, menos el judicial, que ve retaceadas sus funciones sin mayor alarma. Supuestamente todos estos discursos externos proclaman el fin y la función preventiva del sistema penal, pero vemos que muchas veces, solo se dedican a estigmatizar a distintos tipos de personas, juzgándolas, y no juzgar acciones. Me explico, hay una clara demostración de que no todos somos igualmente “vulnerables” al sistema penal, que suele manejarse con “estereotipos” que recogen los caracteres de los sectores marginados y humildes, que la criminalización genera el fenómeno del rechazo del etiquetado como también del que se solidariza o contacta con él; y obviamente también van a existir los protegidos del sistema, que muchas veces son los que se encuentren muy cerca o en el centro de la toma de decisiones de poder.

Y, como consecuencia de que se sancionen a personas y no a conductas tenemos claramente el fenómeno de la superpoblación carcelaria, dejando impunes los macro delitos que afectan al conjunto de la sociedad (dejando de proteger los bienes jurídicos de la población.  Viendo esto, además de la corrupción de abogados, jueces, fiscales, magistrados y la policía, que justamente deberían ser los cooperadores de la norma penal ¿cómo queremos que el sistema penal funcione?, agreguémosle a ello, la cifra negra de la estadística policial. Realmente esto nos hace ver que nuestro sistema penal esta tomando un rumbo equivocado, y si es así, ¿cual sería la solución al desorden que tiene éste sistema penal?  Primeramente, ante toda desorganización, lo único que queda es la reorganización, así, reorganizando y ordenando el sistema, podemos llegar a mejores resultados.

Esto debe ir apoyado por el Estado para la generación de políticas que no solamente sean políticas penales, sino, políticas que vengan a ayudar a la concientización de cada uno de los funcionarios de éste sistema penal. Pareciera un sueño el querer cambiar los valores de cada persona allí dentro del sistema (los funcionarios, en especial los corruptos), pero es que a partir de programas de concientización, y políticas de estado (como el subir el presupuesto de la policía) podríamos hacer algo para mejorar el sistema.

 

 

 

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