LA PRISIÓN EN EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO. PREV. GENERAL vs. PREV. ESPECIAL

Publicado: septiembre 19, 2014 en INFORMACION DOCTRINAL
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Primeramente, cabe resaltar que de manera clara, Francisco Muñoz Conde nos coloca la tesis de esta lectura de manera muy clara: Existe un conflicto entre prevención general y Prevención especial. Por un lado a la prevención especial de lado del derecho penitenciario y de ejecución penal, y del lado del lado del derecho penal material y la sociedad a la prevención general (que de una u otra forma es la que “gana” entre estas dos por las circunstancias del sistema penal).

Básicamente existen diferentes márgenes desde los cuales se puede ver a éstas prevenciones que son los de derecho tanto de la sociedad (de defender sus intereses recurriendo a la pena si esto fuera necesario), y del delincuente (que tiene derecho a ser tratado como persona y a no quedar definitivamente apartado de la sociedad sin esperanza de reintegración a la misma). Así, Muñoz Conde nos hace notar que entre éstos dos márgenes, al que se le dio mayor interés fue al de la sociedad, relegando los derechos del delincuente a un segundo plano. Históricamente todos apuntaban a la cárcel como un castigo retributiva, y las supuestas funciones resocializadoras o rehabilitadoras también quedaban relegadas a segundo plano, pero gracias a las ideas humanistas después de la segunda guerra mundial, el Derecho Penitenciario se encargó de poner en boga a la pena con un sentido más de resocialización que de castigo. Así, entre “seguridad” y “socialización” este Derecho Penitenciario prefirió a la segunda opción.

Entonces vemos un claro choque entre las ideas de prevención general del Derecho Penal tradicional, y las ideas de Resocialización y prevención especial del dererecho penitenciario. Pero aquí cabe resaltar que al existir una especie de pugna entre ambos derecho, al mismo tiempo dicha pugna afecta a la integridad (funcionabilidad o estabilidad) del sistema penal en su conjunto, y el problema se agranda porque aunque teóricamente el Derecho Penitenciario tenga el discurso de prevención especial al delincuente, este cometido no se materializa en ningún aspecto y más bien este derecho sólo cumple una función de custodiar y asegurar a el reo.

Con respecto a ello, un punto realmente con el que me encuentro de acuerdo es ese que dice que la misión del derecho penal además de la protección de intereses humanos que necesitan tutela jurídica es la de frenar el poder punitivo del Estado para que éste, al momento de querer parar a la criminalidad no vulnere garantías mínimas de los individuos criminalizando todo a diestra y siniestra. Las Normas del Estado también van dirigidas para el Estado. Aquí, a la hora de determinación de la pena también nos encontramos con el problema de la proporcionabilidad de ésta…, porque el estado al no poder colocar las penas que quiera, tendrá que velar por alguna proporción que debe existir entre delito cometido y tamaño de la pena. Por ello, desde el punto de vista de la resocialización se puede llegar a concebir a penas demasiado cortas o demasiado largas. De manera clara está que este problema no se podrá solucionar a corto plazo, más al contrario.

Hasta aquí hemos visto los problemas que tiene el dererecho penitenciario desde su exterior. Pero cabe resaltar que sus principales problemas están también en su interior, al interior del derecho penitenciario por los fines supeditados simplemente a la vigilancia y control de los reclusos debido a factores como la falta de presupuesto, la corrupción a su interior, y la desorganización existen debido a las malas políticas criminales aplicadas hasta su momento. Es que hasta ahora, la pena privativa de libertad no ha superado la barrera de la prevención general, por ello el conflicto con la prevención  especial. Por ello, y porque la sociedad hasta ahora no permite abiertamente la implementación de medidas alternativas a la pena de privación de libertad este es un conflicto insoluble. Pero que no permita abiertamente, no significa que no permita, pues a este conflicto, solo queda la alternativa de reducir a la pena de privación de libertad como recurso de ultima rattio, haciéndolo soportable de manera que no se hagan notar las discrepancias que existe entre la implementación de la pena y su aplicación.

Por mi parte, considero que si es cierto que este conflicto es insoluble, pero por ello, no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Alternativas hay varias, entre ellas van a estar desde las genocidas (matemos a los corruptos y a aquellos que quieres hacerse populares con los discursos punitivos…obviamente inaplicables), hasta las más coherente como la que nos presenta el autor de la lectura. Yo estoy de acuerdo con éste último solo a manera de reflexión, y que sirva para hacer notar que “si no estamos en una línea que apunte a un objetivo claro poco a poco nos hundiremos”, lo siguiente: “Con un Sistema Penal, que tiene contradicciones por todos lados, ¿cómo no queremos vivir en un caos?”.

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