EL POSITIVISMO PENAL SOCIOLÓGICO

Publicado: noviembre 6, 2014 en INFORMACION DOCTRINAL
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Enrico Ferri  nació en Benedetto-Po, provincia de Mantua, el 25 de febrero de 1856. Estudió con Ardigó, Eilero y Carrara, para entusiasmarse luego con las ideas de Lombroso, con quien tomó contacto después de la publicación de su tesis (Teoría dell´imputabilitá e negazione del libero arbitrio, 1877).

Después de una permanencia en París, pasó a integrar con Lombroso y Garofalo la tríada directriz de la llamada “escuela positivista”. Ferri fue el expositor más claro del pensamiento positivista, y también el más polémico. Fue político, socialista casi toda su vida, convertido al fascismo al final de sus días.

Sus obras principales son la “Sociología criminal” y los “Principios de Derecho Criminal”. Presidió la Comisión redactora del Proyecto de Código Penal para Italia de 1921, que no fue sancionado. Adhirió en sus líneas generales al proyecto Rocco. Murió en Roma el 12 de abril de 1928.

La obra de Ferri es particularmente interesante a nuestros efectos por múltiples razones, entre otras porque, quizá por ser la más clara, es la que permite ver mejor las consecuencias últimas a que nos conduce el pensamiento positivista. Creemos que es difícil juzgarla con objetividad -especialmente por su carácter eminentemente polémico-, pero la objetividad solo la podremos alcanzar en la medida en que podamos juzgar al autor en su circunstancia.

Ferri fue un hombre genial, que abrazo el positivismo recibido de Ardigó  -siguiendo la tradición de Carlo Cattaneo-, pero su genialidad no le impidió ser positivista y víctima del positivismo. No podemos aquí exponer un análisis completo y detenido del pensamiento de Ferri para confirmar este aserto, pero trataremos de bosquejar nuestra idea al respecto, no sin advertir que Ferri merece un estudio particular y pormenorizado, enfocando su pensamiento como el drama de una existencia que quiso acomodarse a pautas que le quedaron estrechas.

a) La reducción del derecho a sociología. Ferri, atraído por Ia nueva ciencia inaugurada por Comte, rechazó todo el andamiaje religioso de éste y se acercó más a Spencer, queriendo permanecer fiel al método inductivo hasta introducirlo al campo jurídico, pero partiendo de la observación de hechos sociales, tarea que siempre trato de realizar en sus trabajos y que, invariablemente, concluye en una necesaria disolución de la ciencia jurídica en la sociología. El derecho penal dejaba de ser una ciencia jurídica, para pasar a convertirse en un capítulo de la sociología. Cuando hoy muchos sociólogos del derecho pretenden lo mismo, olvidan que Ferri lo postuló muchos años antes. Para Ferri, quienes pretenden la autonomía del derecho penal y hacen dogmática jurídica, “olvidan completamente y jamás utilizan los datos bio-sociológicos sobre delitos y delincuentes, porque no se deciden a estudiar, también jurídicamente, delitos y penas, pero con método positivo y no con las solas abstracciones lógicas”.

Esta reducción de lo jurídico a lo sociológico encierra una contradicción insalvable: lo valorativo se disuelve en lo no valorativo, con lo que desaparece todo dato crítico de valoración. Sin embargo, esta no es la actitud de Ferri: si su obra se caracteriza por algo es por su crítica, que se agudiza en su condición de socialista militante. La explicación de esto se ve clara en sus trabajos: Ferri disuelve al derecho en la sociología, pero hace de ésta una ciencia valorativa. Por caminos diferentes, la teoría crítica está hoy haciendo algo parecido.

b) La Sociología funda un objetivo valorativo. Cuando Ferri hace de la sociología una disciplina valorativa, es porque pretende que la misma indagación de los hechos sociales, por vía inductiva le indicará qué es lo bueno y qué lo malo. No necesita para nada del principio de autodeterminación, no hay nada que elegir, porque lo bueno y lo malo están dados en la realidad, son evidentes, claros. De allí que Ferri desprecie el principio del libre albedrío, que para él no es más que un resabio de filosofía teológica. En un mundo en que todo está determinado mecánicamente, en que todas son causas y efectos, hay hombres que están determinados a delinquir en virtud del resultado de la conjunción de causas endógenas y exógenas que los llevan a atacar a la sociedad. La sociedad, por su parte, también está determinada a defenderse y a contraatacar. Lo socialmente dañoso se establece partiendo del estudio mismo de la sociedad, es decir, que su determinación es objetiva. De allí que Ferri haya propugnado un procedimiento penal en que se limitaba el principio in dubio pro reo y, en general, era menos acusatorio y, consiguientemente, más inquisitivo, eliminando las exageraciones “liberales” de la “escuela clásica”. Ello resultaba coherente, porque el proceso no era más que la realización de la defensa social. Esta seguridad se impone como consecuencia del objetivismo valorativo -de cuño idealista- con que se maneja.

¿Es cierto que lo malo está “dado” objetivamente? Por cierto que no. Ferri cae en una trampa, que es en la que en definitiva cae cualquier objetivismo valorativo y cualquier derecho natural idealista: lo “dado”, lo que “encuentra”, es lo que él mismo puso. En otras palabras: consciente o inconscientemente desvalora una acción y, luego, la encuentra “objetivamente” desvalorada.

C) El pensamiento penal autoritario de Ferri. Cabe preguntarse cómo siendo Ferri un socialista y, por ende, un crítico de la sociedad establecida, se las arreglaba para compaginar su objetivismo sociológico valorativo con su pensamiento socialista. Ferri apelaba a un recurso similar al escolástico, distinguiendo una criminalidad “anti-humana” y una criminalidad “evolutiva’. La “evolutiva” sería aquélla cuyos intereses chocan con los de la clase dominante y desaparecerá cuando desaparezcan las clases en la sociedad, lo que creía que sucedería con el advenimiento del socialismo. Más tarde consideró que el dominio de una clase puede evitarse tambi6n en el estado corporativo, ya que éste sometería a las clases sociales, del mismo modo que el Estado liberal sometió a é1 a los individuos.

En principio, no es necesario exagerar la adhesión de Ferri al fascismo, ni afirmar que hay “dos” Ferri, uno socialista y otro fascista. La verdad es que el pensamiento de Ferri siempre tuvo un tinte autoritario: se trata del mismo pensamiento de quien era autor del proyecto de 1921, que negaba la autonomía del hombre y que propugnaba un proceso casi tutelar. En este sentido no vemos ninguna “traición” a su pensamiento penal, sino que creemos que su posición no es más que la culminación lógica de un pensamiento penal idealista, que siempre tiene un fondo autoritario, que primero creyó que podía materializar en el socialismo y luego en el Estado corporativo.

d) El determinismo. En esencia, el pensamiento idealista -en definitiva- de Ferri, que Ie lleva al objetivismo valorativo y a pretender suprimir los elementos relativos de la prohibición, primero mediante el socialismo y luego mediante el Estado Corporativo, también está fundado en un concepto antropológico que puede identificarse con la concepción biológica del hombre. Su pensamiento tiene fuertes tintes organicistas, como que, por mucho que se orientó hacia lo sociológico, Ferri no dejó de ser un evolucionista de cuño darwiniano. La defensa que formula del darwinismo desde el punto de vista socialista y la crítica a los “excesos liberales” de los por él llamados “clásicos”, no hacen más que anunciar su futura coherencia con una concepción antropomórfica del Estado, que fue la sostenida por el fascismo. De una concepción organicista del Estado a una antropomórfica, no hay más diferencia que un cierto grado de “espiritualización”, pero sus consecuencias prácticas son similares. La responsabilidad del delincuente se funda en la mera circunstancia de ser miembro de la sociedad, con lo que desaparece toda consideración a la culpabilidad: imputables o inimputables son igualmente responsables. La razón por la que aplica pena es sólo la peligrosidad del delincuente, y la naturaleza y extensión de la misma está dada por lo que sea menester para neutralizarla. Todo esto es la consecuencia lógica de una concepción antropológica que niega al hombre su capacidad de auto- determinación como parte integrante de un ente mayor, distinto y más importante.

Lo cierto es que, si para Ferri la defensa “social” no es más que una forma “perfeccionada” de defensa “jurídica”, su “perfección” parece consistir sólo en eliminarle el límite que se proponía trazarle el pensamiento anterior, que por “clásico” y “liberal” pretendía reconocer cierto respeto a la dignidad humana. Con un concepto biológico del hombre, complementado con el organicismo social, e implicando el determinismo mecanicista, la tutela jurídica ya no conoce límite alguno, porque el único límite que conocía era la dignidad humana, que para Ferri era un “resabio teológico”. Perdido ese resabio “teológico”, mantenido artificialmente por los “excesos liberales” de los “viejos clásicos”, maestros de lo “abstracto”, y en las difíciles “abstrucidades tudesca” de la dogmática, no nos cabe duda de que ya nada quedaba de la persona humana y tampoco ya nada tenía de “jurídica” la defensa que postulaba Ferri, que sólo era una defensa “mecánica”, de fuerza contra fuerza, sin otro límite que la fuerza misma y, para colmo de males, sostenida por una física que se reveló como teóricamente falsa.


Eugenio R Zaffaroni. Tratado De Derecho Penal Tomo II. Editorial Ediar,  Pág. 208-214.

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