LA DESLEGITIMACION DEL SISTEMA PENAL DESDE EL MARCO TEORICO MARXISTA

Publicado: marzo 18, 2015 en INFORMACION DOCTRINAL
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Dificultades para delimitar el marco teórico marxista.

Dejando de lado el empleo del vocablo “marxista” como instrumento delatorio -o sea, el uso latinoamericano del mismo- y limitándonos a su sentido ideológico -es decir, uso habitual en los países centrales del poder mundial- cabe advertir que existen grandes dificultades para acotarlo y, en consecuencia, para establecer su contribución teórica a la deslegitimación del sistema penal.

El “marxismo” nació deslegitimante. Karl Marx fue testigo de un genocidio europeo. La civilización industrial no fue sólo la más agresiva y depredatoria de la historia en cuanto a su proyección sobre los márgenes o periferia planetaria, sino también en cuanto al respeto a la vida y dignidad humana en el propio centro.

Ante la visión del genocidio europeo, sacrificando masas humanas en el altar de la acumulación originaria de capital productivo, Marx llevó a cabo un análisis de la historia que procuraba dotar de un instrumento de comprensión y de un marco ideológico de lucha a los marginados europeos de su tiempo. Como es obvio, no podía hacer otra cosa que deslegitimar todo el derecho y, especialmente, el derecho penal, relegándolo a la categoría de “Súperestructura  Ideológica”, aunque no se haya detenido mayormente en el sistema penal, pues los escasos y dispersos párrafos dedicados al tema fueron materia de interpretaciones sumamente controvertidas.

Desaparecido Marx, surgieron los “marxismos” y con ellos varias líneas de pensamiento deslegitimante del sistema penal, aunque también otras fueron re-legitimantes. La más usual de las versiones re-legitimantes, en variable positivista y a veces idealista, acepta una concepción ontológica del delito y etiológica de la criminalidad atribuida exclusivamente a la pobreza, miseria, etc., lo que va a dar en un círculo cerrado, porque aceptado este axioma, se supone que suprimidas la pobreza y otras “causas” análogas, el delito que subsista será decisión libre del autor, con lo que re-legitima un derecho penal retributivo..

En lo político general, los “marxismos” son las distintas interpretaciones y desarrollos que pretenden fundarse en el Pensamiento de Marx y desarrollarlo profundizándolo, con una gama que va desde el revisionismo de Bernstein hasta el activismo de Lenin, pasando por Rosa Luxemburgo en critica a ambos.

La reproducción de los “marxismos” fue favorecida por su institucionalización en la Unión Soviética, el desencanto que produjo en muchos intelectuales la dictadura stalinista, el fracaso revolucionario alemán y el posterior triunfo del nazismo, el escaso eco de las teorías revolucionarias entre los trabajadores de los países capitslistas centrales, la extensión de la institucionalización del marxismo a otros países europeos, asiáticos, africanos y latinoamericanos (especialmente a China, Cuba, Albania, etc.), su fracaso en otros países marginales del poder mundial donde lo superan movimientos populares
diferentes, las dificultades económicas surgidas en algunos países de marxismo institucionalizado, etc.

Como resultado de este complejo panorama, iniciado hace más de un siglo por el propio Engels -al acercarse al positivismo con su “dialéctica de la naturaleza”-, seguir la pista de los marxismos y neo-marxismos es una tarea sumamente ardua, que se complica aún más porque muchas corrientes se van separando del pensamiento de Marx hasta hacer bastante discutible su filiación, contribuyendo a colmar la dificultad de la empresa las frecuentes disputas centrales por el monopolio del calificativo y las consiguientes imputaciones de heterodoxia.

Ante estas dificultades y, con las precedentes advertencias, nos limitamos a recoger algunas de las vías de deslegitimación teórica del sistema penal usualmente consideradas dentro del marco teórico del marxismo, pero sin tomar partido en la disputa central por el monopolio del calificativo (ni tampoco en la más absurda de nuestro margen por quitárselo). Aunque pequemos de arbitrariedad selectiva, intentaremos referirnos brevemente aquí a las que creemos más demostrativas. En esta creencia escogemos, para el marxismo institucionalizado, la versión de PaSukanis y la polémica que desató: en su tiempo; para el marxismo no institucionalizada la crítica social de Frankfurt, y: en cuanto a lo específico, las versiones críticas de Quinney, Baratta y Pavarini, advirtiendo -quizá reiterativamente- que dejamos muchos más autores al margen, por no ser una exposición detallada el objeto de este trabajo.

La deslegitimación de Pagukanis y la re-legitimación Stalinista.

En el ámbito del marxismo institucionalizado, en los primeros años de la revolución, se produjo una deslegitimación general del discurso jurídico, cuyo teórico más importante fue PaSukanis, quien desapareció en los años anteriores a la última guerra mundial, perseguido por el stalinismo.

Para PaSukanis, el derecho era una mera forma jurídica, producto exclusivo de la sociedad capitalista, generado por las relaciones de cambio que le son propias. Como el advenimiento del socialismo no extingue automáticamente las relaciones de cambio, sino que éste debe seguir cargando con ellas como
resabio de la sociedad burguesa, también deberá conservar la “forma jurídica”, pero cuando en una etapa más avanzada se superen esas relaciones, se operaría la desaparición del derecho.

Ante la objeción de que siempre permanecerán algunos delitos contra la vida y análogos, PaSukanis respondía que, llegados a ese punto, tales hechos deberían considerarse como problemas médico-pedagógicos, “para resolver los cuales no es necesario acudir al jurista y a sus tipos legales, a sus código,
a su concepto de culpabilidad, de responsabilidad plena y reducida, a sus sutiles distinciones entre complicidad, favorecimiento, instigación, etc. Y si este convencimiento no ha conducido hasta ahora a la abolición de los códigos penales y de los tribunales es, naturalmente, sólo porque la eliminación de la forma jurídica no se opera con la mera salida de la sociedad burguesa, sino con la radical eliminación de todas sus Supervivencias”.

Con todas sus limitaciones e imprecisiones, esta crítica al derecho conservaba la originaria confianza romántica de Marx en la desaparición del derecho, pues el cambio de sociedad produciría nuevas relaciones no definidas en la forma de “cambio-valor” y, de este modo, perdería sentido el sostenimiento
de la “forma jurídica”, generada en las necesidades de las relaciones asentadas sobre esos términos.

Como toda revolución violenta concentra poder que luego resulta difícil descentralizar, particularmente si sobrevive graves amenazas externas, la verticalización soviética no podía asirse a una tesis como la de PaSukanis, especialmente con la Nueva Política Económica y el consiguiente reforzamiento verticalizador del estado autoritario.

La tesis contraria fue sostenida por Stucka, quien entro en polémica con Pasukanis, postulando una re-legitimación del derecho mediante la necesidad de un derecho revolucionario, al que no podía renunciar el poder soviético, sin privar al proletariado en el poder de un inestimable e insustituible instrumento de lucha.

Esta polémica -y la evidencia de los acontecimientos llevaron a Pasukanis a rever parcialmente sus anteriores puntos de vista.

La polémica entre PaSukanis y Stucka revela la contraposición de una formulación teórica que no toma en cuenta las necesidades de un ejercicio efectivo de poder y el dato real de una considerable verticalización social como producto de una lucha armada que concentra poder (al que ninguna agencia
jamás renuncia espontáneamente), con la consiguiente formulación de un jurista que trataba de legitimar el ejercicio de poder de las agencias. No obstante, la polémica conservaba cierto vuelo teórico, que se perdió completamente con la intervención del poder en forma directa, a través de Vysinskii, el pontífice máximo del aparato jurídico stalinista, quien en un nivel directo de delación califico la tesis de PaSukanis como “anti-marxista” y “pseudocientífica” y a su autor como saboteador”, porque al pretender que el derecho es una forma capitalista, lo degradaba a “burgués”, con lo que descaaficaba ante el proletariado la autoridad del derecho soviético y ]e privaba de una de sus más potentes armas para luchar contra los enemigos del socialismo.

Como puede verse en esta polémica y en su autoritario broche, colocado por el fiscal de las purgas stalinistas “, el poder soviético institucionalizado y particularmente el de agencias ejecutivas y jurídicas, no toleró que se deslegitimase su ejercicio y se desprestigiase su saber. Su reacción careció de todo vuelo teorico, reduciéndose el discurso jurídico re-legitimante stalinista a un conjunto de afirmaciones dogmáticas, expresiones peyorativas y la interpretación de cada critica deslegitimante como una denuncia de enemistad al estado y a su orden, de modo muy similar al discurso jurídico de “seguridad nacional” de nuestro margen latinoamericano, aunque con argumentos peligrosistas que en buena medida perduran hasta hoy en el penalismo soviético.

Eugenio Raúl Zaffaroni. En busca de las Penas Perdidas. 1998 Pagina 52- 57. Argentina

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