CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DE LA ACCIÓN, DEL AUTOR Y SU VALORACIÓN EN DERECHO PENAL.

Publicado: abril 15, 2015 en INFORMACION DOCTRINAL
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Toda vida social se estructura sobre la actividad finalista de los miembros de la comunidad. Presupone que el hombre puede proponerse fines, vale decir, objetivos futuros, elegir los medios necesarios para su obtención, y ponerlos en actividad. Este primer presupuesto de la vida social es, también, el primer criterio del actuar humano en general. El acontecer puro de la naturaleza es ciego en su causalidad, o, en la naturaleza viva, ante todo en el reino animal, en el mejor de los casos, inconscientemente adecuado al fin (instintivo). El hombre puede prever el futuro consiente del objetivo; concretar, sobre la base de experiencias causales, las más diversas clases de propósitos, según la forma planeada.

También el derecho penal se ocupa de acciones únicamente en el sentido de esta actividad finalista. Donde el hombre interviene de modo puramente causal, sea que actúe como mera masa mecánica (en un desmayo repentino), o que ejecute movimientos reflejos adecuados o contrarios al objetivo (en ataques de calambre o en reacciones indominables de susto), ahí puede, bajo ciertas circunstancias, entrar en consideración como objeto de un intervenir jurídico (p. ej.: como motivo de una intervención policial); pero su comportamiento queda excluído del derecho penal.

Como son acciones finalistas las que estructuran la vida de la comunidad, así también lo son las  que la lesionan. Acciones que se mueven dentro del orden de la vida social, son valoradas positivamente por el orden de la comunidad, como “adecuadas al derecho”. En cambio, acciones que lo lesionan son valoradas como “contrarias al derecho”.

Sin embargo, el hombre no es Únicamente un ser que actúa finalmente, sino también un ser moralmente responsable de sus acciones. Él no puede, simplemente, proponerse fines arbitrarios y concretarlos en la forma planeada, sino que también debe elegir antes estos fines, de acuerdo con su sentido y valor social. Si el hombre se guía por las exigencias del deber que surge de los valores de la comunidad, entonces actúa meritoriamente.

Si los lesiona, actúa culpablemente. El hombre es “persona” en el doble sentido de que es un ser que actúa finalistamente y que es moralmente responsable de sus acción. Con estas dos etapas, que se estructuran la una encima de la otra -la actividad finalista y la responsabilidad moral-, se cumple la autoría personal humana.

Las dos valoraciones del derecho penal –contrariedad al derecho y culpa- corresponden a estas dos características esenciales de acción y autoría. A la actividad finalista corresponde la contrariedad al derecho; a la responsabilidad, la culpa. Sin embargo, los dos elementos se deben distinguir objetivamente -aunque preponderantemente unidos-, pues ciertas personas no son capaces de una responsabilidad moral frente a la sociedad, a pesar de que pueden realizar acciones finalistas: así el niño y el enfermo mental.

Un niño de doce años, que hurta manzanas en el jardín del vecino, no actúa culpablemente, porque su personalidad moral no está aun totalmente desarrollada como para poder realmente comprender la significación social de su acción y guiarse por ella. Pero su acción es una concreción del objetivo, que cae fuera del orden social (del ordenamiento de la propiedad), y por ello es antijurídica. Precisamente por eso, el adulto que ayudó al menor a pasar el cerco, ha prestado ayuda a una acción antijurídica de hurto y es responsable por ella como cómplice.

Como el elemento “final” de la acción (la acción finalista) es independiente del elemento moral de la responsabilidad, así también la antijuricidad se sitúa en un plano de valoración independiente del de la culpa. La antijuricidad contiene, simplemente, el juicio de valor según el cual la acción cae fuera de los ordenamientos de la vida de la comunidad. La culpa es la responsabilidad de la personalidad moral por su acción antijurídica.

Derecho Penal Parte General. Hans Wensel. Paginas 35-37. Editorial. Roque Palma Editores. Obra Traducida por Fontán Balestra. 195615

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