LA TEORÍA DEL CONSTREÑIMIENTO PSICOLÓGICO DE ANSELM VON FEUERBACH

Publicado: octubre 14, 2015 en INFORMACION DOCTRINAL
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La teoría del constreñimiento psicológico de Anselm von FeuerbachAnselm FEUERBACH elaboró una concepción general preventiva; a la pena se le confiaba la función de detener, mediante la amenaza, antes de la comisión del delito, y la inflexible aplicación luego, a la generalidad de los consocios para que no cometieran delitos.

Él vincula el objetivo de la pena inmediatamente con el objetivo del Estado, es decir, la defensa de la libertad individual. Esta constituye la condición principal para la afirmación de la naturaleza racional del hombre en el mundo de los fenómenos, según la ley final de justicia, expresada en una fórmula de clara inspiración kantiana: “el uso de la libertad de un ser racional no debe contradecir el uso de la libertad de todo otro ser racional”. Con el fin de hacer estables las reglas de la convivencia civil, conformes a razón, se crea el Estado.

En Revisión der Grundsátze und Grundbegrifle des positiven peinlichen Rechts (1799/1800), su obra más madura de filosofía del derecho penal, FEUERBACH define con suma claridad la relación entre finalidad utilitarista del Estado y finalidad de la pena. “El objetivo del Estado es la libertad cambiante de todos los ciudadanos o, en otros términos, asegurar esa condición en la cual cada uno puede ejercer sus derechos completamente al resguardo de las ofensas. Cada ofensa contradice la naturaleza y el objetivo del consorcio civil y, para la realización de este objetivo, es necesario que en el Estado no se verifique ofensa alguna”. Pero surge la tarea de recuperar un “medio” por el cual se puedan impedir absolutamente las ofensas.

Y ese medio de prevención de las ofensas a la libertad ajena FEUERBACH lo individualiza en la predisposición de obstáculos de orden psicológico; los de orden físico no serían practicables, se trataría de “poner a todos los ciudadanos en cadenas para estar seguros de su diligencia”. El más eficaz entre los obstáculos de tipo psicológico es, para Feuerbach, la amenaza de un castigo por cada ofensa: la bürgerliche Strqfe, la pena civil.

Se nota fácilmente que esta primera deducción de la bürgerliche Strafe carece de toda connotación ética; antes bien, en su relativismo, está rígidamente destinada a un objetivo que está fuera de la simple aplicación. Eso no debe sorprender, dado que el kantiano FEUERBACH, penalista finísimo, al tratar la pena estatal no hizo más que mantenerse coherente con cuanto, como filósofo del derecho,  había sostenido respecto de la distinción neta entre esfera jurídica y esfera moral.

En efecto, FEUERBACH ha distinguido con claridad la pena civil de la pena moral, que representa “una idea necesaria de la razón (. . .) unida de manera inseparable con la conciencia de la conformidad o la no conformidad del deber”, considerando por ende sólo a la primera con competencia estatal: “la pena civil no puede ser la pena moral, de lo que se sigue que por el Estado (así como por ninguno, salvo por Dios) no puede ser punida acción alguna contraria al deber, simplemente porque es tal”; “el principio supremo para todo lo que es derecho requiere sólo que la libertad de cada uno coexista con la libertad de los otros”.

Para la pena moral, el fundamento de la aplicación del mal reside en la infracción de la ley del deber, en la inmoralidad de la intención, donde la pena jurídica debe tener como referencia la simple acción externa y la conformidad de esta última no con los postulados de la moral sino con aquellos de la ley jurídica que, como sabemos, requiere sólo que no se viole la libertad externa; y ello porque “el Estado es un juez de derecho (. . .) que debe tratar de asegurar únicamente el orden jurídico”.

 Aparte de toda otra consideración relativa a la imposibilidad práctica de determinar, por parte de una instancia no metafísica, presencia y grado de la culpa moral, a los fines de una denominada punición justa: al respecto, muy oportunamente, FEUERBACH habla de “enigma insoluble”. Es interesante notar que una primera elaboración de la gesetzliche psychologische Zwangstheorie, fue desarrollada en el Anti-Hobbes, obra de carácter eminentemente político, de orientación liberal, que tendía a demostrar, contrariamente a la opinión de KANT la licitud del derecho de resistencia del ciudadano respecto del soberano infiel. Y es significativo que la teoría penal, en la que tiene un rol fundamental una ley, construida en términos de taxatividad y determinación, haya encontrado lugar en un tratado político.

Era un testimonio, entonces, de la importancia fundamental que tal teoría revestía para FEUERBACH no sólo en el plano exquisitamente técnicopenalista, sino también y precisamente en el plano políticogeneral, atinente a los derechos fundamentales del individuo, por el valor garantista que a ella le estaba reservado. Podemos concordar asi con RADBRUCH quien, a propósito del AntiHobbes, comentó precisamente que el tema de esa obra juvenil “era ya en principio el tema del trabajo de toda una vida: los límites del sumo poder”95. Toda la obra feuerbachiana resultó, en efecto, coherente con este planteo liberal.

La formulación completa y definitiva de su teoría penal se tuvo, como ya se recordó, en Revisión der Grundsátze und Grundbegriffe des positiven peinlichen Rechts, obra que merecidamente le aseguró la fama. Su base utilitarista siguió aproximadamente este esquema argumentativo: la acción delictiva está determinada por motivos que constituyen los objetivos de la voluntad y tienden a satisfacer intereses del sujeto agente; el delito, entonces, constituye un medio para procurar un placer a quien lo comete.

Según el parecer de FEUERBACH, para evitar que se cometan hechos delictivos, es necesario que a la representación del placer relacionado con la conducta delictiva se contraponga la representación de un dolor, delineado en la ley como consecuencia segura e inderogable de la conducta misma y de intensidad superior al eventual placer derivado de la comisión del delito.

Esta perspectiva debería hacer surgir, respecto de los consocios, o mejor de los posibles delincuentes, tal temor que inhibiera todo propósito delictivo; es decir, como ya se ha señalado, se debería realizar una coacción psicológica, con el resultado de prevenir, en general, la comisión de delitos. Como se ve, la ley penal cumple un rol fundamental en la psychologische Zwangstheorie; ello revela que tanto en el plano de la conformación técnica como en el de las garantías, FEUERBACH se esfuerza por asegurar también al ciudadano que delinque. No por azar el ilustre criminalista Franz VON LISZT a propósito del principio de legalidad, exaltado por FEUERBACH, habla de Magna Charta del delincuente” más que del ciudadano.

Entonces, la amenaza penal se debe realizar únicamente por medio de la ley en forma determinada, sea respecto del hecho a punir como de la pena a infligir. Este acentuado legalismo, que respondía a las exigencias de tutela de la libertad individual y de certeza del derecho, llevó a Feuerbach también a vincular, tal vez en medida excesiva, al juez con la letra de la ley; ello servía, entre otras cosas, para darle carácter de inderogable a la aplicación de la ley en el caso de su infracción, con el fin de dar, en el plano de la teoría de la pena, una connotación de efectividad a la amenaza: condición indispensable para una concepción general preventiva, en relación con la funcionalidad del mecanismo de la coacción psicológica. Este aspecto de su concepción signó uno de los motivos de discordia con los teóricos de la prevención especial y, marcadamente, con GROLMAN, que modificó en sentido garantista su elaboración original.

Más allá del aspecto teórico-jurídico, FEUERBACH veía seriamente comprometidas las garantías del estado de derecho por una legislación incierta y por una consiguiente separación de la actividad judicial del texto de la ley. Como se puede advertir, su teorización se preocupa, por un lado, de salvaguardar con una eficiente teoría de la pena las exigencias de defensa social del delito; por el otro, de garantizar el máximo de autonomía al individuo contra indebidas intromisiones heterónomas, con una clara y bien definida legislación, dirigida al castigo de los hechos antijurídicos, reconocibles exteriormente y no de meros estados subjetivos contrarios al deber. Feuerbach hizo un notable aporte a la atemperación de esas instancias originalmente contrapuestas, elaborando un sistema del derecho penal en el que el equilibrio entre la tutela de los derechos del individuo y la tutela de las exigencias de la sociedad constituyó un presupuesto angular, del cual no pudo prescindir más la ciencia penalista, inspirada en los principios de la democracia.

El Derecho Penal Entre Ser y Valor. Sergio Moccia. Paginas 39-44. Editorial. Montevideo Editores. Obra Traducida por Antonio Bonanno. 2003

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