1.- Planteamiento.

El presente análisis, inspirado por  la tendencia de interpretar el derecho procesal desde una óptica constitucionalista, que concibe el trámite de proposición, admisión, evacuación y la apreciación de los medios probatorios, como manifiesta expresión de los derechos fundamentales integrantes de la tutela judicial efectiva y del debido proceso, de la concepción de éste último, como instrumento fundamental para la realización de la justicia y la proscripción de sacrificar la justicia por la omisión de formalidades no esenciales, tiene como uno de sus bastiones, que todo ello se efectúe bajo pautas hermenéuticas que implican, la valoración conjunta de todo el acervo probatorio, que permita determinar si las partes han acreditado suficientemente sus afirmaciones y si se ha logrado producir en el juez, la certeza y convicción respecto de las cuestiones controvertidas que servirán de fundamento a su decisión, entendiendo esta labor apreciativa como una misión que va mucho más allá de efectuar  un examen exegético de la normativa legal, de revisar las posiciones doctrinarias y jurisprudenciales, o de fundarla en percepciones meramente subjetivas.

Bajo estas premisas, se plantea aquí un giro copernicano en la categorización y valoración como documentos privados emanados de terceros dadas hasta la fecha, tanto por la jurisprudencia como por la más calificada doctrina a los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular, con la intención de proponer la revisión y reconducción de tal postura, la cual no pocas veces se ha traducido en solución injusta del caso e impulsado también por la recurrencia o cotidianidad con la que son producidas dichas instrumentales en nuestro foro en juicios donde se pretenden sean condenadas indemnizaciones y resarcimientos de daños materiales y morales con motivo de accidentes o enfermedades profesionales, convirtiéndose en una valiosa e inagotable fuente probatoria destinada a acreditar las afirmaciones, hechos y demás datos circundantes, tales como: sintomatología, diagnósticos, opiniones, tratamientos terapéuticos y farmacológicos aplicados, evolución y demás aspectos relacionados con el paciente, teniendo en cuenta que generalmente son expedidos anticipadamente al juicio, redactados en el contexto de la asistencia facultativa y que pueden aparecer como pruebas directas o indirectas, esto es, para corroborar las afirmaciones formuladas por las partes o bien para apoyar o complementar los otros medios de convicción, sin dejar de tener presente que se trata de medios demostrativos diferentes, que de alguna manera devienen complementarios.

2.- Valoración de Pruebas en la Jurisdicción Laboral.

Como parte del caudal argumentativo de esta interpretación, debe reiterarse que los jueces obtienen su convencimiento de los medios probatorios,[1] los cuales tienen por finalidad acreditar las circunstancias que sirven de fundamento fáctico a las pretensiones y defensas propuestas por las partes, vale decir, producir certeza respecto a los puntos controvertidos y fundamentar sus decisiones.

En esta materia la Ley Orgánica Procesal del Trabajo establece un sistema numerus apertus, al consagrar que son medios de prueba admisibles en juicio aquellos por ella establecidos, los previstos en el Código de Procedimiento Civil, en el Código Civil y en otras leyes de la República, excluyendo solo las pruebas de posiciones juradas y de juramento decisorio, agregando que, las partes pueden también valerse de cualquier otro no prohibido expresamente que consideren conducente a la demostración de sus pretensiones, promoviéndose y evacuándose de la forma en ella preceptuada, disponiendo además que, ante cualquier imprevisión, se aplicarán por analogía las disposiciones relativas a los medios de pruebas semejantes contemplados en la legislación adjetiva y sustantiva ordinaria, o en su defecto, en la forma que señale el juez, con la advertencia de que, sólo se apreciarán las pruebas incorporadas al mismo, conforme a su normativa.

Se consagra también en este texto procesal especial que, en caso de dudas sobre la apreciación de los hechos y ante cualquier incertidumbre, disyuntiva o dilema en lo que a las pruebas en particular concierne, debe escoger el juez la valoración más favorable al trabajador y en cuanto al tratamiento valorativo de los medios probatorios, preceptúa que todos deben ser apreciados conforme a la sana crítica.

En tal sentido, vale la pena destacar que la Sala de Casación Social en decisión N° 818 de fecha 26 de julio de 2005 precisó que, bajo el imperio de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, éste es el régimen de valoración conforme al cual, los juzgadores tienen libertad para apreciar las pruebas de acuerdo con la lógica y las reglas de experiencia que sean aplicables al caso y que debe ser empleada al apreciar todo tipo de medio probatorio, aun cuando tenga asignada una tarifa legal en otras leyes, como ocurre por ejemplo con la prueba de instrumento público e instrumento privado; criterio éste que ratificó en pronunciamiento N° 1354 del 4 de diciembre de 2012, empleando los mismos fundamentos, es decir, el juez debe guiarse de inferencias racionales y coherentes que le permitan dar cimientos sólidos a su decisión y a partir de allí formarse convicción respecto al hecho o hechos controvertidos, por cuanto este método permite analizar la prueba con criterios mucho más objetivos, de mayor amplitud y más apegados a la realidad.

Debe diferenciarse el entorno particular anterior, del propio en la esfera de la jurisdicción ordinaria, según el cual, a tenor del artículo 507 del Código de Procedimiento Civil, el juez deberá apreciar el mérito de la prueba según las reglas de la sana critica, a menos que exista una regla legal expresa para ello, es decir, que en el contexto común, la sana crítica, es un régimen interpretativo que opera en sustitución o ante la falta de indicación o tasación de un medio probatorio en especial, es decir, su aplicación está condicionada a que no haya o no exista una regla legal expresa para estimar una probanza en específico.

Por otro lado debe resaltarse especialmente, la carga que tienen los accionantes de cumplir los requisitos libelares impuestos cuando reclaman indemnizaciones por enfermedades o accidentes profesionales, entre otros, indicar la naturaleza del accidente o enfermedad, el tratamiento médico o clínico, el centro asistencial donde lo recibe o recibió, la naturaleza y las consecuencias probables de la lesión que padece o padeció, circunstancias éstas que necesariamente deben estar acreditadas por certificados, informes  o constancias, que no pocas veces emanan de profesionales de la medicina que ejercen de manera privada.

3.- Del Ejercicio Profesional del Médico.

A los fines de escudriñar la verdadera entraña como medio de persuasión de las instrumentales bajo análisis, se debe tomar en cuenta que la actuación del médico está contenida en un estatuto especial que regula todo lo concerniente a la prestación de sus servicios, el cual dispone que para ejercer esta profesión se requiere poseer el título de doctor en ciencias médicas, médico cirujano o médico integral comunitario expedido por una universidad venezolana, inscribir el título correspondiente de conformidad con la ley en una oficina de Registro Público y en el Colegio de Médicos u otra organización médico-gremial, previéndose también que ninguna institución de asistencia médica, pública o privada, podrá funcionar sin autorización del Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de salud, debiéndose regir por los reglamentos y normas que éste dicte y cumplir igualmente, con las demás disposiciones formales para poder anunciar su ejercicio profesional en general y observar siempre una conducta guiada por patrones de probidad, justicia y dignidad.

Preceptúa también este compendio normativo que, el ejercicio de los profesionales de la medicina comprende la prestación de atención preventivo-curativa a la población, mediante acciones encaminadas a promocionar la salud, prevenir enfermedades, reducir los factores de riesgo, diagnóstico precoz, tratamiento oportuno, restitución de la salud y rehabilitación física o psico-social de las personas en los ámbitos familiar, comunitario, laboral y escolar; así como también la determinación de las causas de muerte; el peritaje, asesoramiento médico-forense, la investigación y la docencia en las ciencias médicas.

A los fines que aquí interesa destacar, hay que hacer especial mención al artículo 35 de la Ley del Ejercicio de la Medicina cuando establece que los profesionales están autorizados para certificar aquellos hechos que comprueben en el ejercicio de su ocupación, en la forma y condiciones previstas en las disposiciones reglamentarias de dicha ley.

Según la definición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, 22a ed, 2001, el vocablo «certificar», entre sus acepciones tiene:

  1. tr. Asegurar, afirmar, dar por cierto algo; 2. … 3. Hacer constar por escrito una realidad de hecho por quien tenga fe pública o atribución para ello; 4. Fijar, señalar con certeza.

La facultad o potestad que detentan ex lege[2]  tales profesionales para «certificar» o dejar constancia de las actuaciones en el ejercicio de su ministerio, los cataloga o distingue como «expertos» de una empresa o institución, sin discriminar si es pública o privada, por lo que no le está dado al intérprete hacerlo.

Esta legitimidad para expedir las certificaciones indicadas supra es corroborada con la letra del artículo 102 de su lex artis cuando preceptúa que estos profesionales infringen la misma cuando firmen récipes en blanco o expidan «certificaciones» falsas con el propósito de burlar las leyes o para favorecer el incumplimiento de las obligaciones laborales.

Conviene agregar también que, según el Código de Deontología Médica, aprobado durante la LXXVI Reunión Extraordinaria de la Asamblea de la Federación Médica Venezolana, realizada en Caracas el 20 de marzo de 1985, el certificado médico es un documento destinado a acreditar el nacimiento, la realización de un acto médico, el estado de salud o enfermedad o el fallecimiento de una persona. Su emisión implica responsabilidad moral y legal quien lo expide, debe ceñirse exactamente a la verdad y debe indicar los fines a que está destinado.

4.- Naturaleza Jurídica:

Se plantean interesantes interrogantes ¿Cuál es la verdadera naturaleza jurídica de los informes, certificaciones y constancias expedidas por profesionales de la medicina en su ejercicio particular o privado como medios probatorios? vale decir ¿Son documentos privados? ¿Son experticias realizadas extra litem y su contenido es el de un informe pericial? ¿Pueden ser entendidas como pruebas científicas? o ¿Pueden ser clasificadas como pruebas libres? ¿Tiene justificación jurídica que se le conceda diferente valor a los informes suscritos por un médico en una institución pública de otros que pudiera hacer el mismo u otro profesional de la medicina en la esfera de su ejercicio privado?

a.- ¿Documento Privado emanado de Terceros?

Situados en un andamiaje donde se cataloguen estos instrumentos como documentos privados emanados de terceros, cabe resaltar algunos aspectos importantes que pueden haber contribuido a tal consideración. Tradicionalmente los pronunciamientos doctrinarios y judiciales en tal sentido han sido contestes en afirmar que, la concesión del valor probatorio a los mismos está condicionado a la comparecencia que deben hacer sus suscribientes ante el Tribunal para que, a través de la prueba testimonial convaliden o ratifiquen su contenido, vale decir, el otorgamiento de eficacia probatoria a tales instrumentos está sujeto al cumplimiento de una formalidad, que consiste en la evacuación de otra diligencia procesal complementaria o adicional, mediante la prueba testimonial, conforme a lo indicado en el artículo 431 del Código de Procedimiento Civil, y más propiamente, en la jurisdicción laboral, de acuerdo con el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo.

En lo que a esto concierne, es imperativo apuntar en primer término que, el artículo 46 de la Ley del Ejercicio de la Medicina dispone que todo aquello que llegare a conocimiento del médico con motivo o en razón de su ejercicio, no podrá darse a conocer y constituye el secreto médico, el cual es inherente al servicio de la medicina y se impone para la protección del paciente, el amparo y salvaguarda del honor del médico y de la dignidad de la ciencia, es inviolable y el profesional está en la obligación de guardarlo.

Tiene superlativa importancia realzar en cuanto a la prueba testimonial, que el artículo 481 del Código de Procedimiento Civil, prevé que a pesar de ser obligatorio para toda persona hábil rendir testimonio, podrán excusarse, entre otros, quienes por su estado o profesión deben guardar secreto respecto del hecho de que se trate.

En este mismo sentido, vale como comentario referencial, la previsión contenida en el Código Orgánico Procesal Penal, cuando consagra a texto expreso en su artículo 224, respecto a la exención de declarar: No están obligados a declarar: 1º. … 2º. … 3º. … 4º. Los médicos cirujanos, farmacéuticos, enfermeras, pasantes de medicina y demás profesionales de la salud.

Aunado a ello, debe subrayarse que, a tenor del estatuto procesal civil ordinario, los parámetros según los cuales debe ser apreciado el testigo están tasados, a saber, el juez debe examinar si las deposiciones de los testigos concuerdan entre sí y con las demás pruebas, estimar cuidadosamente los motivos de sus declaraciones y la confianza que merezcan por su edad, vida y costumbres, por la profesión que ejerzan y demás circunstancias, desechando en la sentencia la declaración del testigo inhábil, o del que apareciere no haber dicho la verdad, ya por las contradicciones en que hubiere incurrido, o ya por otro motivo, aunque no hubiese sido tachado, debiendo expresar en su decisión el fundamento de tal determinación. ¿Cabe transmutar la esencia de la prueba testimonial a este requerimiento procesal para dar eficacia a las instrumentales en referencia? ¿Acaso en el patrón general pueden los testigos especular y hacer discernimientos o dictámenes de valor en su declaración?

Sin duda alguna, debe concluirse que, imponer y aplicar tal metodología hermenéutica a los medios probatorios bajo análisis, para poder ser apreciadas en juicio, configura una infracción al deber contenido en el precitado artículo 10 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, de hacer la valoración conforme a las reglas de la sana crítica y a los postulados constitucionales que consagran el proceso como un instrumento fundamental para la realización de la justicia y que ésta no se puede sacrificar por formalidades no esenciales.

Paralelamente, es fundamental entender que la documentación es la forma de constatar materialmente las actuaciones, percepciones, impresiones, opiniones, contratos y demás acuerdos entre los sujetos de derecho partícipes de una determinada relación o vinculación jurídica material o procesal, es la reseña tangible donde se manifiesta la voluntad negocial o aquella producida dentro del juicio.

Según Priscila Solano Castillo el documento puede presentarse con un doble carácter: probatorio y procesal, de ahí que se trate al documento como medio de prueba y como objeto de prueba. Conforme su entender no pueden incluirse entre los documentos en sentido propio los papeles que, durante el procedimiento certifican declaraciones o acontecimientos y que no son verdaderos documentos los que podrían llamarse documentos procesales, tales como las declaraciones de los testigos, los interrogatorios, y otros, pues en realidad se trata de la documentación de dichos actos;[3] tal exclusión -a criterio de quien suscribe- debe ser hecha también, respecto de aquellas certificaciones, informes o constancias médicas que se elaboran antes de instaurarse el proceso.

Es conveniente destacar también, la opinión construida en el contexto de la jurisdicción procesal penal de nuestro país, perfectamente aplicable en el proceso laboral, cuando señala en este sentido que, es importante aclarar que todas las pruebas son documentadas pero no todas son pruebas documentales y para graficar ello se señala que, todo el proceso está contenido en un «documento» o cúmulo de «documentos» que son las actas procesales que conforman el expediente y porque, aunque se realicen «audiencias orales»,[4] son muchas las actuaciones escrituradas, que son soporte físico del proceso, pero éstos son, simplemente y en todo caso, documentos procesales, más no documentos de pruebas o pruebas documentales.[5]

Con fines meramente ilustrativos y con el propósito de remarcar la distinción entre el contenido o esencia del medio probatorio y su forma documentada, bajo el proscenio de una interpretación analógica, resulta pertinente evocar la opinión del procesalista neogranadino Hernando Devis Echandía, al delimitar que una cosa es la inspección judicial y otra el acta que de la misma se elabora y firma, aclarando que aquélla es un medio de prueba del hecho examinado y ésta es el documento en que consta que se practicó tal diligencia y cuál fue su resultado, es decir, «la prueba de aquella prueba», son diferentes aunque se produzcan simultáneamente,  confiriéndole a esta acta el carácter de documento público por cuanto es elaborada por un funcionario público.[6]

Cambiando lo que deba cambiarse, para adecuarlo a la presente situación, condensa el tratamiento valorativo pertinente, la manera cómo deben ser apreciados y diferenciados los informes, constancias y certificaciones emanadas de médicos en el ejercicio libre de su profesión de los documentos que le sirven de continente.

b.- Dictamen Pericial.

Ubicados ahora, bajo el escenario de que las instrumentales sub análisis se asimilan en su esencia o naturaleza a la de un informe pericial o de expertos, conforme a la regla antes indicada de que las partes cuentan con la posibilidad de valerse de cualquier otro medio de convicción que consideren conducente a la demostración de sus pretensiones e invocando los señalamientos de carácter sustantivo hechos precedentemente, en cuanto al contenido de las instrumentales bajo análisis, se debe puntualizar que cuando en juicio se plantea la necesidad de realizar una experticia, por requerimiento de conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para valorar hechos o circunstancias relevantes en el asunto o para adquirir certeza sobre ellos, las partes podrán aportar al proceso el dictamen de peritos que posean los conocimientos correspondientes o solicitar, que se emita informe de experto designado por el tribunal.

La pericial se configura como un medio de prueba indirecto y de carácter científico, a través del cual se pretende lograr que el juez, que desconoce cierto campo del saber humano, pueda valorar y apreciar técnica o científicamente unos hechos que han sido aportados al proceso por otros medios probatorios y así, tenga conocimiento de su significación o alcance, siempre que tales conocimientos especiales sean útiles, provechosos u oportunos para comprobar algún hecho controvertido.[7]

Conforme a esta interpretación, la parte contra quien obran las instrumentales sub análisis puede ejercer su derecho a controlarlas o contradecirlas, bien sea impugnándolas a través de la tacha, por las causales consagradas en la legislación sustantiva ordinaria, por considerar que quien emite el dictamen no reúne las condiciones profesionales para ello, por estar en desacuerdo con los métodos o sistemas utilizados o con las conclusiones a que se haya llegado, pudiendo también  solicitar al juez que se aclaren o amplíen en los puntos que señale o pedir se practique una nueva. Bajo esta perspectiva, deben aplicarse las previsiones legales sustantivas y adjetivas de que los jueces no están obligados a seguir el dictamen de los expertos, si su convicción se opone a ello,[8] razonando los motivos de tal determinación, debiendo valorarlo, tal y como ya se ha dejado expuesto.

c.- ¿Prueba Pericial o Testimonial?

Comenta también la jurista costarricense Solano Castillo que, tradicionalmente se ha dicho que los documentos emanados de los profesionales de la medicina tienen existencia procesal como prueba documental o como prueba pericial; siendo los primeros, todos los documentos expedidos a solicitud de parte interesada, producto de la atención médica recibida y que los segundos, se extienden a solicitud del juzgador a los fines de aclarar determinadas cuestiones médicas. Enfatiza que, no todo documento tiene relevancia en el proceso, sino solamente los llamados «documentos probatorios», que bien pueden ser considerados como una especie del género documento y dentro de los cuales se pueden ubicar los certificados, informes o constancias médicas, acreditándoles como característica fundamental su capacidad de ser llevados al proceso y producir efectos jurídicos; por lo que la «forma» del documento no es en realidad lo que importa para efectos probatorios, sino más bien el «contenido» del mismo o lo que de él se pueda deducir, es decir, un documento es jurídicamente relevante en tanto y en cuanto sea representativo de hechos jurídicos significativos, como es el caso del registro médico, el cual aunque tenga defectos de diseño formal y contenga exámenes no necesariamente escritos, continúa produciendo efectos legales, porque es en su contenido donde reside el material probatorio importante.

Vale la pena hacer referencia abreviada al criterio expuesto por la Sala de Casación Civil de nuestro Tribunal Supremo de Justicia en decisión N° 88 de fecha 25 de febrero de 2004 cuando, al apreciar un informe técnico o pericial extraprocesal, entre otras cosas, dejó expresado que, al no tratarse de un documento negocial emanado de tercero, contentivo de declaraciones de conocimiento y ser una valoración técnica emitida por expertos sobre hechos percibidos por ellos, las cuales constan por escrito en respuesta al requerimiento de una o ambas partes de forma anticipada al juicio, que sólo puede ser practicado por personas previamente autorizadas, por el hecho de estar documentadas, no cambia su esencia para adquirir la del medio que es capaz de representarlo históricamente, pues su naturaleza está determinada por las declaraciones de conocimiento que dicho instrumento contiene.

Este antecedente jurisprudencial, alegando la inexistencia de norma especial que regula su eficacia jurídica, tomó en consideración la opinión sostenida en la doctrina respecto de este tipo de dictámenes periciales rendidos sin intervención de un funcionario judicial, fuera del proceso, y sin diligencia previa, mediante encargo privado de la persona interesada y por experto escogido por ésta, citó el criterio sostenido por Devis Echandía, de acuerdo con el cual «…[e]ste dictamen vale como testimonio, en cuanto a la relación de hechos verificados por expertos en el desempeño del encargo privado, siempre que se entienda que debe ser ratificado, con las formalidades legales del testimonio judicial, en el curso del proceso, en cuyo caso tiene valor de testimonio técnico, y en modo alguno le otorga valor probatorio al dictamen extraprocesal…».[9]

Hizo alusión también a la opinión de Jesús Eduardo Cabrera Romero en este mismo sentido cuando sostiene que «[e]l dictamen extraprocesal escrito es un documento en sentido genérico, pero en particular, es una pericia, la cual para que tenga fuerza de tal, según el CPC, debe ser ordenada y evacuada en juicio, y sólo así el juez podrá valorarla por la sana crítica. Si estos dictámenes extraprocesales se pretenden hacer valer en una causa, a quienes los hicieron habrá que promoverlos como testigos, a fin de que los ratifiquen o no como parte de su testimonio… ».[10]

Para finalmente concluir la Sala de Casación Civil en esa ocasión, compartiendo los criterios doctrinales expresados y dejar sentado que el informe técnico o pericial es documento en sentido amplio y por esa razón debe ser ratificado en el juicio de conformidad con lo previsto en el artículo 431 del Código de Procedimiento Civil, en cuyo caso la prueba que se forma en el proceso es la testimonial, y en tal virtud, dicho informe queda comprendido en el testimonio, respecto del que las partes pueden interrogar y repreguntar; el contenido de éste pasa a integrar la prueba testimonial formada en el proceso, por lo que ambos -informe e interrogatorio- deben ser apreciados de acuerdo con lo previsto en el artículo 508 del Código de Procedimiento Civil.

No debe pasar desapercibido que tal exégesis desnaturaliza los medios de persuasión involucrados, por cuanto, además de establecer como obligatorios patrones analíticos que no se corresponden con el contenido de estas instrumentales, que involucran declaraciones escritas de cuestiones técnicas o científicas que ni las partes, sus representantes, ni el juez pueden, en la generalidad de los casos, redargüir o contradecir, además de que, tal y como ya se dejó indicado, debe tenerse en cuenta la circunstancia de que los médicos pueden excusarse de rendir testimonio conforme a las disposiciones legales precedentemente indicadas.

En este estadio para comprobar lo desacertado de esta clásica interpretación, en cuanto se refiere a los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular o privada, amén de reiterar la afirmación de que los mismos no son documentos negociales, es pertinente ratificar también la distinción entre el perito o experto y el testigo, entre los cuales, doctrinariamente se encuentran semejanzas, pero simultáneamente marcadas distinciones, al margen de la consideración de la figura del «testigo experto» o «perito testigo», que según es reseñado por Keymer Ávila citando a Rengel Rombert y a Roberto Delgado, es una especie de híbrido entre ambas pruebas, pero que sin embargo es distinta a las dos y ha sido asumido como un testimonio calificado, ya que éste no realiza examen o peritación alguna.

Así, con el propósito de demarcar la diferencia antes apuntada, debe indicarse que la prueba testimonial consiste en relatar hechos que le constan a quien la rinde por haberlos presenciado o percibidos, es un conocimiento empírico, mientras que en la prueba de experticia se presenta un informe o dictamen que presupone un bagaje basado en conocimientos técnicos, artísticos o científicos donde se vierte una opinión sobre hechos acontecidos o por acontecer, vale decir, hechos pretéritos, presentes o futuros; por otro lado, las deposiciones testimoniales son narraciones de hechos, no pueden consistir en opiniones, no pueden contener juicios valorativos, mientras que los informes periciales son precisamente apreciaciones o evaluaciones técnicas motivadas sobre los datos, elementos o demás cuestiones fácticas a dilucidar en el proceso; el testigo declara siempre sobre sucesos extraprocesales, el experto aunque prima facie también lo hace, pudiera ser consultado sobre posibles o eventuales efectos o consecuencias de hechos ocurridos antes o durante el proceso; el experto puede ser reemplazado o sustituido por otro que reúna las condiciones, es fungible, mientras que los testigos no.

d.- ¿Pruebas Preconstituidas?

En otro orden de ideas, se ha dicho que las instrumentales bajo examen  deben ser consideradas como pruebas preconstituidas, vale decir, aquéllas elaboradas con vistas a un futuro proceso que no necesariamente se dará, pero que las partes las procuran como una medida de prevención, para aquellos casos en los cuales la litis se llegara a plantear efectivamente, los cuales constituyen un supuesto diferente al aquí analizado.

e.- ¿Pruebas Libres?

Ante el rechazo de toda la argumentación anterior con respecto a la naturaleza jurídica de los referidos medios probatorios, cabe proponer que los mismos sean considerados como «pruebas libres», cuyo know how (propuesta, promoción y evacuación) ya fue señalado precedentemente. En este supuesto, la valoración que a tales medios, como todos los demás, debe forzosamente estar circunscrita dentro de los parámetros de la sana critica.

4.- Otras Consideraciones.

¿Es justo que en un proceso donde se hayan promovido documentales emanadas de profesionales de la medicina que ejercen de manera privada o particular y sus suscribientes no hubieren comparecido al Tribunal a ratificar su valor fedatario, los mismos sean desechados siguiendo el errado patrón de valoración tasado en el Código de Procedimiento Civil y en el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo? Esta inferencia, además de constituir un incumplimiento al desideratum constitucional de que el proceso es un instrumento sustancial o de primer orden para la consecución de la justicia, representa un claro desacato al lineamiento ordenado de valorar las pruebas según las reglas de la sana crítica y configura un incumplimiento por parte del juez de la carga mayor que le impone el artículo 5 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, como es la de inquirir la verdad por todos los medios de pruebas a su alcance y de intervenir en forma activa en el proceso, obligación ésta reforzada en el Artículo 156 eiusdem cuando señala que el Juez de Juicio podrá ordenar, a petición de parte o de oficio, la evacuación de cualquier otra prueba que considere necesaria para el mejor esclarecimiento de la verdad.

Como circunstancia concomitante a la posibilidad de excusarse que tienen los galenos, debe apuntarse que, es muy frecuente en la práctica judicial diaria, la incomparecencia a la convocatoria a la audiencia de juicio que se le hace a los médicos que expidieron los informes, constancias, certificaciones o récipes, ello por variadas razones, entre las cuales cabe mencionar: las complejas y múltiples ocupaciones que tienen estos profesionales, la dificultad para ubicarlos o trasladarlos a la sede judicial, tanto por las emergencias como por las consultas que éstos deben atender con prioridad a cualquier otra cosa, amén de cualquier otra circunstancia o causa imprevista o de fuerza mayor que pudiera presentárseles, ausencia ésta que no debe conducir al juez en ningún caso, a desechar tales instrumentos, mas aun si se tiene presente que, la normativa que prevé el supuesto de incomparecencia injustificada de los expertos privados a la audiencia de juicio, es entendida como un desacato a las órdenes del Tribunal y tiene como punición una multa de hasta diez unidades tributarias,[11] nunca que el contenido de su informe sea desestimado, lo cual evidencia un tratamiento sancionatorio totalmente diferente ante una misma conducta procesal.

A manera de conclusión, debe colegirse que los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular o privada que el actor introduce en el proceso laboral junto con el libelo o en la audiencia preliminar como instrumentales que acompaña en apoyo de su pretensión o, en su caso, el demandado en sustento de sus defensas, no deben ser apreciados o calificados como documentos privados emanados de terceros y en consecuencia, no pueden ser catalogados como aquellos a los que hace referencia el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo,  ergo, no debe imponerse la carga adicional de tener que ser ratificados por sus suscriptores en calidad de testigos, sino que deben ser considerados como auténticos dictámenes periciales y sometidos, como todos los medios probatorios en el ámbito jurisdiccional laboral, a una valoración inspirada en  las reglas de la sana crítica, de acuerdo con los principios generales de esta ley y no como una prueba tasada, sistema éste según el cual, la mesura que debe dar el juzgador a los medios probatorios viene delimitada por el valor o eficacia que le ha sido asignado previamente por una norma jurídica.

La propuesta de asumir esta perspectiva tiene la pretensión, de que una vez por todas se destierre el clásico tratamiento valorativo que como «documentos privados emanados de terceros que no son parte del proceso» hasta el presente se les ha conferido, en el entendido de que éstos últimos están referidos a instrumentales que develan otro tipo de declaración, tienen otro contenido que no es de naturaleza médica o asistencial.

Finalmente, es preciso destacar que de manera contrapuesta, la metodología para la evacuación y la apreciación de los dictámenes, certificaciones y/o informes emanados de médicos que laboran en hospitales y entidades públicas es total y absolutamente diferente. A este respecto, debe indicarse que, se les ha reconocido la naturaleza jurídica de documentos administrativos a tales instrumentos, toda vez que emanan de una institución cuya función es la de prestación de un servicio público, característica que le da el carácter en cuestión[12] y en tal razón no deben cumplir con ninguna otra formalidad o diligencia procesal adicional para ser estimadas. Leer el resto de esta entrada »

Desde la evolución de la teoría del delito hacia el esquema finalista, Zu Dhona ocupa un sitial importantísimo, a pesar de la crítica de Welzel que señalo que fue “un dogmático que fundamentalmente todavía se encontraba adscrito a la teoría dominante” (Teoria Causalistica).

En otras palabras el conde Zu Dhona acepta la existencia del tipo objetivo y el tipo subjetivo. La antijuricidad y la culpabilidad son características del delito que se deben referir a la tipicidad. La antijuricidad es la valoración del tipo objetivo; la culpabilidad es la valoración del tipo subjetivo; para mayor concreción estableció lo siguiente:

“La concreción de un tipo legal únicamente acarrea la consecuencia jurídica de la pena, bajo un doble presupuesto: que la acción sea objeto de desaprobación por parte del orden jurídico y que pueda ser puesta en la cuenta de su autor. Según ello, el objeto del que no hemos ocupado…está sujeto a una doble valoración: la de las normas que determinan objetivamente el comportamiento humano, y la de las normas que deciden que la acción puede ser imputada a su autor. Antijuricidad y culpabilidad son los dos elementos del delito que deben unirse a la adecuación típica para que quede fundamentada la responsabilidad penal”

En otra parte de su obra dice “se puede decir que la antijuricidad está vinculada a la valoración del tipo objetivo, en tanto la culpabilidad lo está a la valoración del tipo subjetivo. La acción de matar a un hombre es antijurídica si contradice a las normas legales; pero, que podamos atribuir la culpabilidad del autor, depende de circunstancias que tienen su fundamento en las relaciones entre autor y su hecho”.

Dicho en forma breve se puede observar una distinción entre objeto de valoración y valoración del objeto. Antijuricidad y culpabilidad son valoraciones que recaen sobre objetos valorados: tipo objetivo y tipo subjetivo.

Señala Graf Zu Dhona que la culpabilidad debía agotarse en un juicio de reproche para el sujeto por la determinación de la voluntad que ha optado para una decisión contraria al deber de cuidado, a pesar de haberse podido determinar conforme a él, o sea, siéndole exigible: “La idea de la exigibilidad y la contrariedad al deber son idénticas, en el sentido que la infracción a las normas de derecho no puede tener validez como contraria al deber cuando ha dejado de ser exigible un actuar de acuerdo a la norma.

Por lo que se declara partidario de la teoría normativa de la culpabilidad y critica la teoría psicológica que situaba su esencia de la culpabilidad en la relación psicológica del autor con el hecho – a pesar de existir dolo, puede faltar la culpabilidad- en otras palabras Dhona señala que, la culpabilidad era una valoración que había que recaer sobre un objeto: el tipo subjetivo, y éste consiste en la existencia o no existencia del dolo.

En efecto habiendo reducido este autor la culpabilidad a un juicio de reproche y habiendo distinguido entre valoración y objeto de valoración, le correspondió a Welzel afirmar de la siguiente forma “si el dolo es lo valorado, no puede ser la valoración misma; si la culpabilidad es la valoración del dolo, el dolo no puede ser parte de la culpabilidad. La misma posición jurídica se encuentra en Bustos Ramírez, donde reconoce que el dolo hace parte de la valoración y expresa lo siguiente “seria justamente reconocer una antinomia: que el objeto de valoración, lo valorado, es decir, el conocimiento y querer del tipo objetivo y su valoración respectivas, están a un mismo nivel; seria unir y confundir dos aspectos totalmente diferentes.

En otras Palabras Graf Zu Dhona, que para mi entender es el padre de la teoría finalista expresa lo siguiente “porque la culpabilidad es la valoración del dolo, no puede el dolo ser, al mismo tiempo, parte de esta valoración”, o sea: no puede estar en un mismo plano lógico, la valoración y el objeto de la valoración. En otros términos, si el dolo no podía ser parte de la culpabilidad por esa objeción de carácter lógico ¿dónde ubicarlo? No puede quedar en el aire; había que ubicarlo en alguna parte de la estructura del delito ¿Dónde?

Después de todo ya planteado dichos términos de forma dificultosa. La posición de los normativistas como Frank y Goldschmt, lo habían ubicado en la culpabilidad, con la inconsistencia lógica que esto comportaba. Graf Zu Dhona, lo había ubicado en el injusto. Sin embargo Bustos Ramírez apoyando la tesis expresa lo siguiente “Dohna dio en forma muy clara y penetrante el argumento negativo, es decir, por qué el dolo no podía incluirse dentro de la culpabilidad; pero no pudo fundamentar el cambio al injusto, es decir, el argumento positivo, por qué el dolo es integrante del injusto Leer el resto de esta entrada »

Tema: Recurso de Revisión
Materia: Derecho Constitucional
Asunto: Comunidad Conyugal. Litisconsorcio Necesario.

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Como siempre, vamos a partir de un ejemplo: Acude un cliente a nuestro Despacho Jurídico y nos dice:

Mi esposo(a) es quien se encarga de administrar, disponer y decir en qué se invierten nuestros bienes o las rentas/alquileres/frutos, que éstos producen y a mí no me dice nada, no me consulta, menos aún me rinde cuentas. Yo creo que va a poner los bienes a nombre de sus padres o de un amigo de él (ella). ¿Puedo impedirlo?”.

Ante estas circunstancias, la mayoría de los Abogados proponen casi sin dudar, un Divorcio para obtener las Medidas Cautelares Nominadas (Embargo, Prohibición de Enajenar y Gravar, Secuestro) u otras Cautelares Innominadas (Paralización de los Fondos de una Cuenta Bancarias, Administrador Ad Hoc de una empresa, entre muchas otras). Pero y si el cliente nos dice:

“…Dr (a), yo NO me quiero divorciar!, solo quiero darle una lección o proteger los intereses de nuestros hijos, o simplemente impedir que burle mis intereses patrimoniales en la comunidad conyugal…”.

Allí algunos colegas se sentirán de “manos atadas”, cuando lo cierto es que existe una vía, poco frecuente, pero existente a nivel legal, que nos permite, en pro y defensa de los intereses de nuestros clientes, hacer frente a esas  maniobras inescrupulosas y de mala fe de parte del cónyuge administrador. Estudiemos, a título de reflexión el tema así:

DE LOS HECHOS: El alegato principal consistirá en que hay bienes presuntamente habidos en el matrimonio existente entre “A” y “B”; así como que en el presunto comportamiento que el cónyuge “B”, ha realizado actos que comprometen potencialmente el patrimonio conyugal, los cuales generan en “A”, el temor fundado, que por medio de argucias, distraiga “B”, los bienes conyugales, que hacen que “A” se encuentre en esa situación de posible perjuicio y por eso pretende se declare Medidas Innominadas, por esa administración irregular o imprudente que mantiene “B”. Alegatos en base, a título ilustrativo, que el cónyuge ha venido desplegando una serie de conductas que afectan en forma artera la estabilidad patrimonial de la comunidad conyugal, persuadido quizás de la inevitable división de bienes, que deberá practicarse una vez declarado Con Lugar el divorcio que ya está instaurado, a cuyos efecto se permite ilustrar los desmanes que en la administración de los bienes que conforman la comunidad conyugal viene ejercitando el cónyuge, que requieren de la inmediata intervención del poder cautelar del juez civil, para detenerlos. Ante ese alegato, tocará al Jurisdicente determinar la procedencia de la medida innominada de aseguramiento del patrimonio conyugal, solicitado. En otras palabras, el cónyuge solicitante debe dar a conocer las circunstancias que constituyen el exceso que denuncia o el riesgo imprudente, además de señalar los efectos patrimoniales que los actos de su cónyuge puedan acarrear en perjuicio de la comunidad, aportando los elementos probatorios correspondientes.

Existe la posibilidad que las anormalidades de índole patrimonial que ocurran dentro del matrimonio, no configuren la procedencia de la acción de nulidad de daños y perjuicios, porque el cónyuge cuestionado no haya realizado actos de disposición sobre determinados bienes, en contra del principio de la bilateralidad, pero es posible que esté incurriendo en la realización de ciertos actos de administración que lesionen o puedan lesionar la estabilidad patrimonial del matrimonio, lo que configura la administración irregular, razón por la cual deberá el Juez de primera instancia efectuar un análisis sobre los hechos y las pruebas aportadas para determinar la procedencia de las medidas precautelativas y su necesidad, para evitar que el patrimonio común pueda sufrir menoscabo por la denunciada imprudencia del cónyuge administrador.

Otros alegatos, pueden ser que el cónyuge denunciado asumió roles y atribuciones dentro de la empresa común, tomando decisiones unilaterales e inconsultas, sin autorización, y desplazándole de su participación como Junta Directiva, administrando la empresa sin rendir cuentas y negándole los anticipos y ganancias que pudiera generar la empresa. Otro alegato, que, sin causa justificada excedió los límites de la administración, arriesgando con imprudencia las cuentas bancarias ya que se ha dedicado a manejar los ingresos a su antojo vendiendo y regalando sin medida en emisión de cheques, viajes, consumo de tarjetas de crédito, etc., mientras que el cónyuge afectado no percibe absolutamente nada aunado a que tuvo que, producto de una denuncia sin fundamento que, salir y abandonar el hogar y ahora carece de medios de subsistencia.

DEL DERECHO: El fundamento lo conseguimos en la Administración de la Comunidad Conyugal, Capítulo XI, Título IV, Libro primero del CC. En tal caso, el Juez podrá, a solicitud del otro cónyuge, dictar las providencias que estime conducentes a evitar aquel peligro, previo conocimiento de causa. Ahora bien, caben 2 preguntas de inmediato:

1) ¿Debo probar la fama de buen derecho y el peligro en la mora, como si estamos hablando de solicitar Medidas Cautelares Nominadas? Y

2) ¿Esta protección es autónoma o incidental? Valga decir, en un lenguaje más sencillo para nuestros Usuarios, ¿Esta solicitud debo hacerla a través de Demanda principal o la pido dentro de un proceso ya en curso?.

Hay una disyuntiva en tal sentido. Unos señalan que se requiere, en todo caso, del previo conocimiento de causa, el juez en jurisdicción civil, podrá a solicitud de uno de los cónyuges dictar las providencias que estime conducentes a fin de evitar el exceso de una administración regular o los riesgos por imprudencia en el manejo de los bienes comunes de la comunidad conyugal de gananciales.

En tal sentido, conforme a la regla general en materia de medidas cautelares, la norma adjetiva establece que debe existir la pendencia de un juicio, puesto que las providencias cautelares se dictan con ocasión de un juicio, como requisito previo de procedencia. Ciertamente, puede cualquiera de los cónyuges que considere que el cónyuge que administra el patrimonio de la comunidad, se excede de los límites de su administración o arriesgue con imprudencia los bienes comunes, solicitar, mediante el procedimiento especialísimo contemplado en el Código Civil, las medidas que considere conducentes para evitar tal peligro, habiéndose formado conocimiento de causa por parte del juez.

Las citadas medidas son una de las cautelas denominadas por la doctrina y la jurisprudencia como “Innominada”, la cual deja a total arbitrio del juez la determinación de los caracteres de la misma, adaptándola a las necesidades de protección de la parte solicitante, debiendo investigar los hechos y en consecuencia, una vez empapado de la realidad de los hechos modificar, cambiar, revocar o dictar nuevas cautelas destinadas a proteger los bienes de la comunidad de una administración que exceda de la regular o de la imprudencia en el manejo de estos. Esta potestad de solicitar medidas o providencias conducentes a evitar el exceso en la administración regular o la imprudencia al manejar los bienes comunes por parte del cónyuge administrador, se fundamenta en la existencia tanto del matrimonio válidamente celebrado, como de la existencia de la comunidad conyugal.

Habrá que tener en cuenta la existencia y administración de los bienes de la comunidad que provienen de la profesión o industria de alguno de los cónyuges, conforme a los artículos 156, 164 y 168 del CC. En estos casos, podrá el Juez autorizar a uno de los cónyuges para que realice por si solo, sobre bienes de la comunidad, alguno de los actos para cuya validez se requiere el consentimiento del otro, cuando éste se encuentre imposibilitado para manifestar su voluntad y los intereses del matrimonio y de la familia así lo impongan. Igualmente el Juez podrá acordar que el acto lo realice uno de los cónyuges cuando la negativa del otro fuere injustificada y los mismos intereses matrimoniales y familiares así lo exijan. En estos casos el Juez decidirá con conocimiento de causa y previa audiencia del otro cónyuge, si éste no estuviere imposibilitado, tomando en consideración la inversión que haya de darse a los fondos provenientes de dichos actos.

DE LO ANTERIOR SE EVIDENCIA QUE: Las Medidas Preventivas del artículo 588 del CPC, no son las únicas, ni exclusivas, que existen en el derecho venezolano, puesto que existen también otro tipo de medidas, contempladas en los procesos de separación de cuerpos y de divorcio; lo que lleva a concluir que dichas providencias son del tipo de las que facultan al juez para dictarlas apartándose de la fórmula de las medidas típicas establecidas en nuestro derecho para las del 588 de la Ley adjetiva Civil, pero siempre con fórmula de la pendencia de juicio, en los procesos ordinarios,determinándose que dichas providencias derivan del juicio de conocimiento sobre excesos en la administración de los bienes de la comunidad conyugal de gananciales.

En consecuencia de las consideraciones explanadas se concluye, debe existir el previo conocimiento de causa, es decir, el juicio de excesos o imprudencia en la administración de los bienes de la comunidad conyugal de gananciales, requisito sine qua non de procedencia de las medidas solicitadas, tal como en las demás medidas preventivas típicas o innominadas. Queremos destacar que lo antes señalado es solo uno, de los 2 polos opuestos, en relación al tema que tratamos. Pues hay otro criterio de la doctrina y jurisprudencia que, nos remite a una solución efectiva, sin necesidad de un juicio previo sólo, siendo necesario que se demuestre y se le cree la convicción al juez suficiente para evitar la administración irregular; y si dichas medidas no son suficientes, el cónyuge afectado podrá solicitar la separación de bienes.

Es así como tenemos la posición del Magistrado Dr. Jesús Eduardo Cabrera (…Expediente 0086) “…para decretarla, la ley no pide requisito específico alguno como los del artículo 588 del Código de Procedimiento Civil, salvo que el sentenciador tome la decisión con conocimiento de causa (lo cual no es un instituto exclusivo de los procesos no contenciosos); es decir, que sin necesidad de plena prueba y con la sola presencia de la parte que pide, si ésta justifica la necesidad de la medida, el juez la ordena, pudiendo incluso para tomarla mandar a ampliar la justificación. Lo importante en estos casos es que al Juez se le faculta para investigar la verdad y que no dicte resolución alguna sino después de hallarse en perfecto conocimiento de causa.

Tal criterio ha sido sostenido y reiterado por nuestro máximo Tribunal, así se ratificó por  la Sala de Casación Social del Tribunal Supremo de Justicia en sentencia Nº 08 de fecha 16 de enero de 2002, con ponencia del Magistrado Dr. Omar Mora Díaz, indicándose que “…Lo importante en estos casos es que al juez se le faculta para investigar la verdad y que no dicte resolución alguna sino después de hallarse en perfecto conocimiento de causa…”. La Sala de Casación Civil del TSJ, en sentencia No. 203, del 09 de julio de 2010, respecto al tema, asentó: “… es absolutamente legítimo solicitar al órgano judicial la protección del patrimonio conyugal a través de una medida cautelar.” Conforme a lo anterior, puede colegirse que…constituye una acción autónoma, es decir, no es parte incidental de otro juicio; y además, tiene como finalidad el decreto de una medida cautelar…Bajo este análisis, cuando uno de los cónyuges considere que el otro cónyuge (administrador de la comunidad) excede los límites de una administración regular o arriesgue con imprudencia los bienes comunes que está administrando, el primero podrá acudir al órgano jurisdiccional –con prescindencia de la existencia de un proceso principal– a los fines de solicitar al Juez el decreto de las medidas pertinentes, con el objeto de evitar posibles daños sobre los bienes comunes; todo previo conocimiento de causa, es decir, analizando los alegatos y pruebas presentadas por el cónyuge solicitante.

Además, al perseguir esta acción el decreto de una medida cautelar, el trámite se hará inaudita altera pars, siendo que, en el caso de decretarse alguna medida –tendente a limitar el poder de administración-, el cónyuge administrador de la comunidad, una vez notificado de la misma, podrá ejercer todos los recursos destinados a enervar los efectos ésta…la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (en decisión No. 1682, del 15/07/2005, con carácter vinculante para todos los tribunales de la República), el Código Civil contempla el ejercicio de una acción, acción ésta que –a consideración de esta juzgadora- tiene carácter autónomo, es decir, no depende de la pendencia de un juicio principal. Por su parte el Dr. Francisco López Herrera, en su obra Derecho de Familia, sostiene:  “…no existe un procedimiento específico, sin embargo la autoridad judicial debe actuar al respecto con bastante prudencia… de manera que consideramos que el modus operandi debe ser el siguiente:

i) una vez estudiada la petición respectiva y examinadas las pruebas acompañadas, el juez, si lo estima necesario, ordena ampliar éstas y a continuación acuerda o niega las medidas en referencia y si la decreta, procede a su ejecución;

ii) en tal caso, debe considerarse que esa decisión es de carácter provisional , puesto que ha sido dictada sin audiencia de la contraparte

iii) seguidamente, por la aplicación analógica de la previsión contenida en el artículo 602 C.P.C., se notifica de lo actuado al cónyuge contra quien obra la medida en cuestión, a fin de que dentro del tercer día siguiente exponga las razones que tuviere que alegar al respecto;

iv) haya o no habido oposición se abrirá una articulación de 8 días, para que ambos esposos promuevan y hagan evacuar cualesquiera pruebas que convenga a sus derechos;

v) dentro de los dos días siguientes al vencimiento de dicho lapso de pruebas, el juez debe ratificar o revocar las medidas preventivas que hubiere decretado; y

vi) de esta última decisión se oirá apelación en un solo efecto si las medidas en cuestión fueron ratificadas…

” Como podemos apreciar, se trata de una medida judicial autónoma, instaurada por el cónyuge que pretende el resguardo de los bienes de la comunidad conyugal, a efectos de que el juez conocedor tome las medidas necesarias y conducentes producto de la pésima gestión del esposo administrador de éstos, lo cual no amerita un procedimiento previo. Sin embargo, la aplicación de tal institución en el Código Civil, amerita la verificación de ciertos requisitos para su procedencia, a saber: • Que se active el aparato jurisdiccional con el ánimo de resguardar bienes que forman parte de la comunidad conyugal. •

Que las medidas requeridas por el cónyuge solicitante, se dirijan a resguardar los bienes de la comunidad conyugal administrados por el cónyuge solicitado. • Que haya excesos en la administración de los bienes comunes, de modo que puedan comprometerlos…es necesario la existencia de excesos en la administración o que se arriesgue con imprudencia los bienes comunes…MEDIDAS PARA PROTEGER LOS BIENES CONYUGALES: Estando bajo la noción de Medidas Innominadas, no hay más límites que la propia iniciativa del Juez de la causa, conjugada con su convicción que se está ante una irregular administración de bienes conyugales. En tal sentido podremos solicitar, entre otras: -La designación de un Administrador Judicial Ad Hoc, si se trata de una sociedad mercantil, que sin violentar ni reformar el estatuto constitutivo societario represente sus derecho e intereses en la vigilancia diaria de la compañía y pueda evaluar si la situación amerita o no la interposición de la acción de separación de bienes que refiere la norma. Sin que se confunda la figura del “Administrador” o “Veedor” con el término Administrador utilizado en el Código de Comercio, -Se dicte prohibición de vender e hipotecar bienes, -Se decrete el secuestro judicial sobre vehículos, -Congelamiento de los dineros habidos en las cuentas bancarias, -Se requiera información al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norte América, si el ciudadano (a) “B”, tiene cuentas bancarias en ese país, y de la misma forma si desarrolla alguna actividad comercial y por tanto es contribuyente del Fisco Nacional;- Se ordene notificar al Registro Público del Municipio X del Estado X, para que se abstenga de autenticar o protocolizar cualquier documento de administración o enajenación bajo cualquier título o afectación de uso o usufructo, de los Bienes Inmuebles X, – Se ordene Inventario de equipos, maquinarias, enseres, moblaje y semovientes y demás bienes muebles que se encuentren en los Bienes Muebles o Inmuebles X, designando perito a los fines de verificación de dicho inventario, – Hacer inventario de todos los bienes que conforman el Patrimonio Conyugal del Matrimonio “A” y “B” , – Decretar una medida innominada que permita a un cónyuge ubicar los bienes de la comunidad conyugal cuyo paradero desconoce, por no ser él el administrador, luce una cautela justa en beneficio de los copropietarios. En consecuencia, una medida tendente a que se ubiquen los bienes de la comunidad conyugal en el estado en que se encuentren, es posible, y si se trata de acciones o cuotas de participación, la investigación podría realizarse en las compañías donde los cónyuges son los accionistas. Lo anterior en base a  que no obsta para que la compañía colaborara como tercero en tal ubicación, ya que la colaboración de los terceros con el proceso no es extraña en el CPC, desde el momento que ellos puedan informar (artículo 443) y pueden ser requeridos a exhibir (artículo 437); además, las personas naturales que sean terceros tienen el deber de testimoniar, por lo que el proceso exige a terceros actividades y ellos deben cumplirlas. También puede servir de base el texto constitucional en su artículo 28 que crea el derecho de acceso a la información o habeas data, así como acceder a documentos de cualquier naturaleza que contengan información, “cuyo conocimiento sea de interés para comunidades o grupos de personas”, derecho de acceso que se ejerce contra partes o terceros, ya que la norma no hace distingos (Sentencia n ° 94 del 15 de marzo de 2000, que “se puede involucrar a un tercero relacionadojurídicamente con las partes, como forma de cautela para detener la dilapidación o el fraude”), – Solicitar, Inspección Judicial en las sedes de la empresa “Y”, conforme a lo establecido en el artículo 472 del CPC, en concordancia con el artículo 41 del CC.

PETITORIO: Demandar formalmente al B, por Administración Irregular De Bienes Comunes, de conformidad con el CC para que convenga en el manejo irregular de los fondos que manejó en los ejercicios económicos de los años X al X en la empresa “Y”, perteneciente a la comunidad conyugal, lo cual asciende a un monto de XBs, o en su defecto sea condenado a ello por este tribunal. Solicito, de conformidad con lo establecido en el  CC, la separación de los bienes de la cónyuge “B”, en lo que respecta a las acciones de la sociedad mercantil “Y”, en la cual se es accionista. Al mismo tiempo solicitar, por vía de informe se le pida a los Registradores Mercantiles, copia certificada de los expedientes de la sociedad mercantil “Y”.

CONCLUSION: Entendemos que la acción en cuestión no está clara a nivel jurisprudencial, pero en el entendido que el derecho no es matemático y por el contrario, crece y enriquece, conforme nuestro actuar como litigantes, consideramos, oportuno demandar en base a que los hechos y circunstancias anotadas permiten afirmar categóricamente que el ciudadano “B”, ha incurrido con su conducta en irregularidades administrativas sin causa que lo justifique y como consecuencia inmediata de tal incumplimiento, en este caso concreto, nace para el cónyuge afectado,  el derecho de demandar por administración irregular de los bienes comunes, más aún en el caso que la disolución del vínculo no se haya realizado y curse por ante el Juzgado “Z”,  solicitando que: -El ciudadano “B” convenga en que ha manejado con el carácter de administrador los Bienes Inmuebles y Muebles…, durante los ejercicios fiscales X al X, e informe sobre la administración de los bienes comunes, exhibiendo los respectivos libros de contabilidad;  – Convenga en reponerle el cincuenta por ciento (50%) de los fondos que manejo en esos periodos. Lo anterior, entre otras consideraciones y a modo de ejemplo. Recordemos que el poder cautelar es a veces la garantía de un buen arreglo.

Dra. Ana Santander.

Tema: Amparo constitucional
Materia: Derecho Constitucional
Asunto: Presidente del Tribunal Supremo de Justicia tiene legitimación activa o pasiva en los procesos judiciales relacionados con el Tribunal Supremo de Justicia.

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El jurista alemán Von Weber en su obra “Para la estructuración del sistema del derecho Penal”. Este autor, juzgo insatisfactoriamente la concepción normativa de la culpabilidad planteada por FRANK, FREUDENTHAL Y GOLDSCHMIDT; esta insatisfacción se debía al maridaje de factores psicológicos y normativos, sin diferenciación, que aparecían en la concepción psicológica-normativa.

Para Weber no se le puede considerar finalista en estricto sentido de la palabra (Según Zaffaroni); esto es según Welzel, porque parte de la base de que el concepto de acción debe deducirse del análisis concreto del derecho vigente, lo cual difiere del concepto finalista que sostiene un concepto ontológico de acción: el concepto de acción del derecho penal es idéntico al concepto de acción de la esfera ontológica y a este concepto se debe sujetar el legislador. En otras palabras, no hay diferencia entre el concepto ontológico y el concepto jurídico de acción. Sin embargo, sus ideas constituyeron un hito en el proceso de desarrollo dogmático que condujo a la teoría finalista.

En este contexto Weber rechaza la separación clásica de lo objetivo en el tipo y lo subjetivo en la culpabilidad sostiene, por el contrario, una concepción compleja del tipo. Es más, rechaza la ubicación del dolo en el ámbito de la culpabilidad y lo ubica en el tipo.

Sostiene que es preciso comprender los conceptos de deber y poder. Aquél se refiere a la antijuricidad, éste a la culpabilidad queda materialmente definida en el principio de poder.

De manera que en el ámbito de la antijuricidad se afirma que los bienes jurídicos deben ser respetados y tal afirmación se hace sobre valoraciones del legislador, quien no condiciona tal juicio de dañosidad a especiales condiciones de un sujeto (Imputabilidad) o de sus particulares creencias al momento del hecho (quien obra creyendo que lo hace ajustado a derecho sin estarlo en realidad, no obra justamente sino ajustadamente).

Creo que para hablar de culpabilidad en un caso dado previamente se tiene que constatar la antijuricidad. Ahora bien: Sobre la base de la existencia de ésta, se le hace al sujeto un reproche porque habiéndose podido ajustar a la norma, no lo hizo. Osea que la culpabilidad se da cuando el realizador del daño está en situación de no haberlo hecho.

Es de aclararse en relación con la conducta del sujeto se pueden hacer dos juicios:

  • En el ámbito de la antijuricidad se le dice al sujeto “Tú debiste haber obrado y no obraste”; ó, “Tú no debiste obrar y obraste”.
  • En el de la culpabilidad se le dice al sujeto “Tu pudiste haber obrado y no obraste” (Omisión); ó, “Tu pudiste no obrar y obraste” (Acción)

Podemos observar, que se trata de un esfuerzo por excluir de la culpabilidad los elementos psicológicos e irla perfilando como mera reprochabilidad.

Se puede deducir que los conceptos de deber y poder los utiliza Weber también en el análisis de la culpa, lo cual señala para la teoría finalista derroteros transcendentales, en la concepción de que el delito culposo se pone el acento sobre todo en el desvalor de la acción (el sujeto no se ha ajustado al deber de observación del cuidado necesario en el trafico social) y no en el resultado, como lo hacía la doctrina tradicional; también en el delito culposo se preguntaría, en el ámbito de la antijuricidad, si el sujeto se ajustó o no al cuidado exigido; en la culpabilidad se preguntaría si pudo o no observar el cuidado. Leer el resto de esta entrada »