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1.- Planteamiento.

El presente análisis, inspirado por  la tendencia de interpretar el derecho procesal desde una óptica constitucionalista, que concibe el trámite de proposición, admisión, evacuación y la apreciación de los medios probatorios, como manifiesta expresión de los derechos fundamentales integrantes de la tutela judicial efectiva y del debido proceso, de la concepción de éste último, como instrumento fundamental para la realización de la justicia y la proscripción de sacrificar la justicia por la omisión de formalidades no esenciales, tiene como uno de sus bastiones, que todo ello se efectúe bajo pautas hermenéuticas que implican, la valoración conjunta de todo el acervo probatorio, que permita determinar si las partes han acreditado suficientemente sus afirmaciones y si se ha logrado producir en el juez, la certeza y convicción respecto de las cuestiones controvertidas que servirán de fundamento a su decisión, entendiendo esta labor apreciativa como una misión que va mucho más allá de efectuar  un examen exegético de la normativa legal, de revisar las posiciones doctrinarias y jurisprudenciales, o de fundarla en percepciones meramente subjetivas.

Bajo estas premisas, se plantea aquí un giro copernicano en la categorización y valoración como documentos privados emanados de terceros dadas hasta la fecha, tanto por la jurisprudencia como por la más calificada doctrina a los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular, con la intención de proponer la revisión y reconducción de tal postura, la cual no pocas veces se ha traducido en solución injusta del caso e impulsado también por la recurrencia o cotidianidad con la que son producidas dichas instrumentales en nuestro foro en juicios donde se pretenden sean condenadas indemnizaciones y resarcimientos de daños materiales y morales con motivo de accidentes o enfermedades profesionales, convirtiéndose en una valiosa e inagotable fuente probatoria destinada a acreditar las afirmaciones, hechos y demás datos circundantes, tales como: sintomatología, diagnósticos, opiniones, tratamientos terapéuticos y farmacológicos aplicados, evolución y demás aspectos relacionados con el paciente, teniendo en cuenta que generalmente son expedidos anticipadamente al juicio, redactados en el contexto de la asistencia facultativa y que pueden aparecer como pruebas directas o indirectas, esto es, para corroborar las afirmaciones formuladas por las partes o bien para apoyar o complementar los otros medios de convicción, sin dejar de tener presente que se trata de medios demostrativos diferentes, que de alguna manera devienen complementarios.

2.- Valoración de Pruebas en la Jurisdicción Laboral.

Como parte del caudal argumentativo de esta interpretación, debe reiterarse que los jueces obtienen su convencimiento de los medios probatorios,[1] los cuales tienen por finalidad acreditar las circunstancias que sirven de fundamento fáctico a las pretensiones y defensas propuestas por las partes, vale decir, producir certeza respecto a los puntos controvertidos y fundamentar sus decisiones.

En esta materia la Ley Orgánica Procesal del Trabajo establece un sistema numerus apertus, al consagrar que son medios de prueba admisibles en juicio aquellos por ella establecidos, los previstos en el Código de Procedimiento Civil, en el Código Civil y en otras leyes de la República, excluyendo solo las pruebas de posiciones juradas y de juramento decisorio, agregando que, las partes pueden también valerse de cualquier otro no prohibido expresamente que consideren conducente a la demostración de sus pretensiones, promoviéndose y evacuándose de la forma en ella preceptuada, disponiendo además que, ante cualquier imprevisión, se aplicarán por analogía las disposiciones relativas a los medios de pruebas semejantes contemplados en la legislación adjetiva y sustantiva ordinaria, o en su defecto, en la forma que señale el juez, con la advertencia de que, sólo se apreciarán las pruebas incorporadas al mismo, conforme a su normativa.

Se consagra también en este texto procesal especial que, en caso de dudas sobre la apreciación de los hechos y ante cualquier incertidumbre, disyuntiva o dilema en lo que a las pruebas en particular concierne, debe escoger el juez la valoración más favorable al trabajador y en cuanto al tratamiento valorativo de los medios probatorios, preceptúa que todos deben ser apreciados conforme a la sana crítica.

En tal sentido, vale la pena destacar que la Sala de Casación Social en decisión N° 818 de fecha 26 de julio de 2005 precisó que, bajo el imperio de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, éste es el régimen de valoración conforme al cual, los juzgadores tienen libertad para apreciar las pruebas de acuerdo con la lógica y las reglas de experiencia que sean aplicables al caso y que debe ser empleada al apreciar todo tipo de medio probatorio, aun cuando tenga asignada una tarifa legal en otras leyes, como ocurre por ejemplo con la prueba de instrumento público e instrumento privado; criterio éste que ratificó en pronunciamiento N° 1354 del 4 de diciembre de 2012, empleando los mismos fundamentos, es decir, el juez debe guiarse de inferencias racionales y coherentes que le permitan dar cimientos sólidos a su decisión y a partir de allí formarse convicción respecto al hecho o hechos controvertidos, por cuanto este método permite analizar la prueba con criterios mucho más objetivos, de mayor amplitud y más apegados a la realidad.

Debe diferenciarse el entorno particular anterior, del propio en la esfera de la jurisdicción ordinaria, según el cual, a tenor del artículo 507 del Código de Procedimiento Civil, el juez deberá apreciar el mérito de la prueba según las reglas de la sana critica, a menos que exista una regla legal expresa para ello, es decir, que en el contexto común, la sana crítica, es un régimen interpretativo que opera en sustitución o ante la falta de indicación o tasación de un medio probatorio en especial, es decir, su aplicación está condicionada a que no haya o no exista una regla legal expresa para estimar una probanza en específico.

Por otro lado debe resaltarse especialmente, la carga que tienen los accionantes de cumplir los requisitos libelares impuestos cuando reclaman indemnizaciones por enfermedades o accidentes profesionales, entre otros, indicar la naturaleza del accidente o enfermedad, el tratamiento médico o clínico, el centro asistencial donde lo recibe o recibió, la naturaleza y las consecuencias probables de la lesión que padece o padeció, circunstancias éstas que necesariamente deben estar acreditadas por certificados, informes  o constancias, que no pocas veces emanan de profesionales de la medicina que ejercen de manera privada.

3.- Del Ejercicio Profesional del Médico.

A los fines de escudriñar la verdadera entraña como medio de persuasión de las instrumentales bajo análisis, se debe tomar en cuenta que la actuación del médico está contenida en un estatuto especial que regula todo lo concerniente a la prestación de sus servicios, el cual dispone que para ejercer esta profesión se requiere poseer el título de doctor en ciencias médicas, médico cirujano o médico integral comunitario expedido por una universidad venezolana, inscribir el título correspondiente de conformidad con la ley en una oficina de Registro Público y en el Colegio de Médicos u otra organización médico-gremial, previéndose también que ninguna institución de asistencia médica, pública o privada, podrá funcionar sin autorización del Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de salud, debiéndose regir por los reglamentos y normas que éste dicte y cumplir igualmente, con las demás disposiciones formales para poder anunciar su ejercicio profesional en general y observar siempre una conducta guiada por patrones de probidad, justicia y dignidad.

Preceptúa también este compendio normativo que, el ejercicio de los profesionales de la medicina comprende la prestación de atención preventivo-curativa a la población, mediante acciones encaminadas a promocionar la salud, prevenir enfermedades, reducir los factores de riesgo, diagnóstico precoz, tratamiento oportuno, restitución de la salud y rehabilitación física o psico-social de las personas en los ámbitos familiar, comunitario, laboral y escolar; así como también la determinación de las causas de muerte; el peritaje, asesoramiento médico-forense, la investigación y la docencia en las ciencias médicas.

A los fines que aquí interesa destacar, hay que hacer especial mención al artículo 35 de la Ley del Ejercicio de la Medicina cuando establece que los profesionales están autorizados para certificar aquellos hechos que comprueben en el ejercicio de su ocupación, en la forma y condiciones previstas en las disposiciones reglamentarias de dicha ley.

Según la definición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, 22a ed, 2001, el vocablo «certificar», entre sus acepciones tiene:

  1. tr. Asegurar, afirmar, dar por cierto algo; 2. … 3. Hacer constar por escrito una realidad de hecho por quien tenga fe pública o atribución para ello; 4. Fijar, señalar con certeza.

La facultad o potestad que detentan ex lege[2]  tales profesionales para «certificar» o dejar constancia de las actuaciones en el ejercicio de su ministerio, los cataloga o distingue como «expertos» de una empresa o institución, sin discriminar si es pública o privada, por lo que no le está dado al intérprete hacerlo.

Esta legitimidad para expedir las certificaciones indicadas supra es corroborada con la letra del artículo 102 de su lex artis cuando preceptúa que estos profesionales infringen la misma cuando firmen récipes en blanco o expidan «certificaciones» falsas con el propósito de burlar las leyes o para favorecer el incumplimiento de las obligaciones laborales.

Conviene agregar también que, según el Código de Deontología Médica, aprobado durante la LXXVI Reunión Extraordinaria de la Asamblea de la Federación Médica Venezolana, realizada en Caracas el 20 de marzo de 1985, el certificado médico es un documento destinado a acreditar el nacimiento, la realización de un acto médico, el estado de salud o enfermedad o el fallecimiento de una persona. Su emisión implica responsabilidad moral y legal quien lo expide, debe ceñirse exactamente a la verdad y debe indicar los fines a que está destinado.

4.- Naturaleza Jurídica:

Se plantean interesantes interrogantes ¿Cuál es la verdadera naturaleza jurídica de los informes, certificaciones y constancias expedidas por profesionales de la medicina en su ejercicio particular o privado como medios probatorios? vale decir ¿Son documentos privados? ¿Son experticias realizadas extra litem y su contenido es el de un informe pericial? ¿Pueden ser entendidas como pruebas científicas? o ¿Pueden ser clasificadas como pruebas libres? ¿Tiene justificación jurídica que se le conceda diferente valor a los informes suscritos por un médico en una institución pública de otros que pudiera hacer el mismo u otro profesional de la medicina en la esfera de su ejercicio privado?

a.- ¿Documento Privado emanado de Terceros?

Situados en un andamiaje donde se cataloguen estos instrumentos como documentos privados emanados de terceros, cabe resaltar algunos aspectos importantes que pueden haber contribuido a tal consideración. Tradicionalmente los pronunciamientos doctrinarios y judiciales en tal sentido han sido contestes en afirmar que, la concesión del valor probatorio a los mismos está condicionado a la comparecencia que deben hacer sus suscribientes ante el Tribunal para que, a través de la prueba testimonial convaliden o ratifiquen su contenido, vale decir, el otorgamiento de eficacia probatoria a tales instrumentos está sujeto al cumplimiento de una formalidad, que consiste en la evacuación de otra diligencia procesal complementaria o adicional, mediante la prueba testimonial, conforme a lo indicado en el artículo 431 del Código de Procedimiento Civil, y más propiamente, en la jurisdicción laboral, de acuerdo con el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo.

En lo que a esto concierne, es imperativo apuntar en primer término que, el artículo 46 de la Ley del Ejercicio de la Medicina dispone que todo aquello que llegare a conocimiento del médico con motivo o en razón de su ejercicio, no podrá darse a conocer y constituye el secreto médico, el cual es inherente al servicio de la medicina y se impone para la protección del paciente, el amparo y salvaguarda del honor del médico y de la dignidad de la ciencia, es inviolable y el profesional está en la obligación de guardarlo.

Tiene superlativa importancia realzar en cuanto a la prueba testimonial, que el artículo 481 del Código de Procedimiento Civil, prevé que a pesar de ser obligatorio para toda persona hábil rendir testimonio, podrán excusarse, entre otros, quienes por su estado o profesión deben guardar secreto respecto del hecho de que se trate.

En este mismo sentido, vale como comentario referencial, la previsión contenida en el Código Orgánico Procesal Penal, cuando consagra a texto expreso en su artículo 224, respecto a la exención de declarar: No están obligados a declarar: 1º. … 2º. … 3º. … 4º. Los médicos cirujanos, farmacéuticos, enfermeras, pasantes de medicina y demás profesionales de la salud.

Aunado a ello, debe subrayarse que, a tenor del estatuto procesal civil ordinario, los parámetros según los cuales debe ser apreciado el testigo están tasados, a saber, el juez debe examinar si las deposiciones de los testigos concuerdan entre sí y con las demás pruebas, estimar cuidadosamente los motivos de sus declaraciones y la confianza que merezcan por su edad, vida y costumbres, por la profesión que ejerzan y demás circunstancias, desechando en la sentencia la declaración del testigo inhábil, o del que apareciere no haber dicho la verdad, ya por las contradicciones en que hubiere incurrido, o ya por otro motivo, aunque no hubiese sido tachado, debiendo expresar en su decisión el fundamento de tal determinación. ¿Cabe transmutar la esencia de la prueba testimonial a este requerimiento procesal para dar eficacia a las instrumentales en referencia? ¿Acaso en el patrón general pueden los testigos especular y hacer discernimientos o dictámenes de valor en su declaración?

Sin duda alguna, debe concluirse que, imponer y aplicar tal metodología hermenéutica a los medios probatorios bajo análisis, para poder ser apreciadas en juicio, configura una infracción al deber contenido en el precitado artículo 10 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, de hacer la valoración conforme a las reglas de la sana crítica y a los postulados constitucionales que consagran el proceso como un instrumento fundamental para la realización de la justicia y que ésta no se puede sacrificar por formalidades no esenciales.

Paralelamente, es fundamental entender que la documentación es la forma de constatar materialmente las actuaciones, percepciones, impresiones, opiniones, contratos y demás acuerdos entre los sujetos de derecho partícipes de una determinada relación o vinculación jurídica material o procesal, es la reseña tangible donde se manifiesta la voluntad negocial o aquella producida dentro del juicio.

Según Priscila Solano Castillo el documento puede presentarse con un doble carácter: probatorio y procesal, de ahí que se trate al documento como medio de prueba y como objeto de prueba. Conforme su entender no pueden incluirse entre los documentos en sentido propio los papeles que, durante el procedimiento certifican declaraciones o acontecimientos y que no son verdaderos documentos los que podrían llamarse documentos procesales, tales como las declaraciones de los testigos, los interrogatorios, y otros, pues en realidad se trata de la documentación de dichos actos;[3] tal exclusión -a criterio de quien suscribe- debe ser hecha también, respecto de aquellas certificaciones, informes o constancias médicas que se elaboran antes de instaurarse el proceso.

Es conveniente destacar también, la opinión construida en el contexto de la jurisdicción procesal penal de nuestro país, perfectamente aplicable en el proceso laboral, cuando señala en este sentido que, es importante aclarar que todas las pruebas son documentadas pero no todas son pruebas documentales y para graficar ello se señala que, todo el proceso está contenido en un «documento» o cúmulo de «documentos» que son las actas procesales que conforman el expediente y porque, aunque se realicen «audiencias orales»,[4] son muchas las actuaciones escrituradas, que son soporte físico del proceso, pero éstos son, simplemente y en todo caso, documentos procesales, más no documentos de pruebas o pruebas documentales.[5]

Con fines meramente ilustrativos y con el propósito de remarcar la distinción entre el contenido o esencia del medio probatorio y su forma documentada, bajo el proscenio de una interpretación analógica, resulta pertinente evocar la opinión del procesalista neogranadino Hernando Devis Echandía, al delimitar que una cosa es la inspección judicial y otra el acta que de la misma se elabora y firma, aclarando que aquélla es un medio de prueba del hecho examinado y ésta es el documento en que consta que se practicó tal diligencia y cuál fue su resultado, es decir, «la prueba de aquella prueba», son diferentes aunque se produzcan simultáneamente,  confiriéndole a esta acta el carácter de documento público por cuanto es elaborada por un funcionario público.[6]

Cambiando lo que deba cambiarse, para adecuarlo a la presente situación, condensa el tratamiento valorativo pertinente, la manera cómo deben ser apreciados y diferenciados los informes, constancias y certificaciones emanadas de médicos en el ejercicio libre de su profesión de los documentos que le sirven de continente.

b.- Dictamen Pericial.

Ubicados ahora, bajo el escenario de que las instrumentales sub análisis se asimilan en su esencia o naturaleza a la de un informe pericial o de expertos, conforme a la regla antes indicada de que las partes cuentan con la posibilidad de valerse de cualquier otro medio de convicción que consideren conducente a la demostración de sus pretensiones e invocando los señalamientos de carácter sustantivo hechos precedentemente, en cuanto al contenido de las instrumentales bajo análisis, se debe puntualizar que cuando en juicio se plantea la necesidad de realizar una experticia, por requerimiento de conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para valorar hechos o circunstancias relevantes en el asunto o para adquirir certeza sobre ellos, las partes podrán aportar al proceso el dictamen de peritos que posean los conocimientos correspondientes o solicitar, que se emita informe de experto designado por el tribunal.

La pericial se configura como un medio de prueba indirecto y de carácter científico, a través del cual se pretende lograr que el juez, que desconoce cierto campo del saber humano, pueda valorar y apreciar técnica o científicamente unos hechos que han sido aportados al proceso por otros medios probatorios y así, tenga conocimiento de su significación o alcance, siempre que tales conocimientos especiales sean útiles, provechosos u oportunos para comprobar algún hecho controvertido.[7]

Conforme a esta interpretación, la parte contra quien obran las instrumentales sub análisis puede ejercer su derecho a controlarlas o contradecirlas, bien sea impugnándolas a través de la tacha, por las causales consagradas en la legislación sustantiva ordinaria, por considerar que quien emite el dictamen no reúne las condiciones profesionales para ello, por estar en desacuerdo con los métodos o sistemas utilizados o con las conclusiones a que se haya llegado, pudiendo también  solicitar al juez que se aclaren o amplíen en los puntos que señale o pedir se practique una nueva. Bajo esta perspectiva, deben aplicarse las previsiones legales sustantivas y adjetivas de que los jueces no están obligados a seguir el dictamen de los expertos, si su convicción se opone a ello,[8] razonando los motivos de tal determinación, debiendo valorarlo, tal y como ya se ha dejado expuesto.

c.- ¿Prueba Pericial o Testimonial?

Comenta también la jurista costarricense Solano Castillo que, tradicionalmente se ha dicho que los documentos emanados de los profesionales de la medicina tienen existencia procesal como prueba documental o como prueba pericial; siendo los primeros, todos los documentos expedidos a solicitud de parte interesada, producto de la atención médica recibida y que los segundos, se extienden a solicitud del juzgador a los fines de aclarar determinadas cuestiones médicas. Enfatiza que, no todo documento tiene relevancia en el proceso, sino solamente los llamados «documentos probatorios», que bien pueden ser considerados como una especie del género documento y dentro de los cuales se pueden ubicar los certificados, informes o constancias médicas, acreditándoles como característica fundamental su capacidad de ser llevados al proceso y producir efectos jurídicos; por lo que la «forma» del documento no es en realidad lo que importa para efectos probatorios, sino más bien el «contenido» del mismo o lo que de él se pueda deducir, es decir, un documento es jurídicamente relevante en tanto y en cuanto sea representativo de hechos jurídicos significativos, como es el caso del registro médico, el cual aunque tenga defectos de diseño formal y contenga exámenes no necesariamente escritos, continúa produciendo efectos legales, porque es en su contenido donde reside el material probatorio importante.

Vale la pena hacer referencia abreviada al criterio expuesto por la Sala de Casación Civil de nuestro Tribunal Supremo de Justicia en decisión N° 88 de fecha 25 de febrero de 2004 cuando, al apreciar un informe técnico o pericial extraprocesal, entre otras cosas, dejó expresado que, al no tratarse de un documento negocial emanado de tercero, contentivo de declaraciones de conocimiento y ser una valoración técnica emitida por expertos sobre hechos percibidos por ellos, las cuales constan por escrito en respuesta al requerimiento de una o ambas partes de forma anticipada al juicio, que sólo puede ser practicado por personas previamente autorizadas, por el hecho de estar documentadas, no cambia su esencia para adquirir la del medio que es capaz de representarlo históricamente, pues su naturaleza está determinada por las declaraciones de conocimiento que dicho instrumento contiene.

Este antecedente jurisprudencial, alegando la inexistencia de norma especial que regula su eficacia jurídica, tomó en consideración la opinión sostenida en la doctrina respecto de este tipo de dictámenes periciales rendidos sin intervención de un funcionario judicial, fuera del proceso, y sin diligencia previa, mediante encargo privado de la persona interesada y por experto escogido por ésta, citó el criterio sostenido por Devis Echandía, de acuerdo con el cual «…[e]ste dictamen vale como testimonio, en cuanto a la relación de hechos verificados por expertos en el desempeño del encargo privado, siempre que se entienda que debe ser ratificado, con las formalidades legales del testimonio judicial, en el curso del proceso, en cuyo caso tiene valor de testimonio técnico, y en modo alguno le otorga valor probatorio al dictamen extraprocesal…».[9]

Hizo alusión también a la opinión de Jesús Eduardo Cabrera Romero en este mismo sentido cuando sostiene que «[e]l dictamen extraprocesal escrito es un documento en sentido genérico, pero en particular, es una pericia, la cual para que tenga fuerza de tal, según el CPC, debe ser ordenada y evacuada en juicio, y sólo así el juez podrá valorarla por la sana crítica. Si estos dictámenes extraprocesales se pretenden hacer valer en una causa, a quienes los hicieron habrá que promoverlos como testigos, a fin de que los ratifiquen o no como parte de su testimonio… ».[10]

Para finalmente concluir la Sala de Casación Civil en esa ocasión, compartiendo los criterios doctrinales expresados y dejar sentado que el informe técnico o pericial es documento en sentido amplio y por esa razón debe ser ratificado en el juicio de conformidad con lo previsto en el artículo 431 del Código de Procedimiento Civil, en cuyo caso la prueba que se forma en el proceso es la testimonial, y en tal virtud, dicho informe queda comprendido en el testimonio, respecto del que las partes pueden interrogar y repreguntar; el contenido de éste pasa a integrar la prueba testimonial formada en el proceso, por lo que ambos -informe e interrogatorio- deben ser apreciados de acuerdo con lo previsto en el artículo 508 del Código de Procedimiento Civil.

No debe pasar desapercibido que tal exégesis desnaturaliza los medios de persuasión involucrados, por cuanto, además de establecer como obligatorios patrones analíticos que no se corresponden con el contenido de estas instrumentales, que involucran declaraciones escritas de cuestiones técnicas o científicas que ni las partes, sus representantes, ni el juez pueden, en la generalidad de los casos, redargüir o contradecir, además de que, tal y como ya se dejó indicado, debe tenerse en cuenta la circunstancia de que los médicos pueden excusarse de rendir testimonio conforme a las disposiciones legales precedentemente indicadas.

En este estadio para comprobar lo desacertado de esta clásica interpretación, en cuanto se refiere a los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular o privada, amén de reiterar la afirmación de que los mismos no son documentos negociales, es pertinente ratificar también la distinción entre el perito o experto y el testigo, entre los cuales, doctrinariamente se encuentran semejanzas, pero simultáneamente marcadas distinciones, al margen de la consideración de la figura del «testigo experto» o «perito testigo», que según es reseñado por Keymer Ávila citando a Rengel Rombert y a Roberto Delgado, es una especie de híbrido entre ambas pruebas, pero que sin embargo es distinta a las dos y ha sido asumido como un testimonio calificado, ya que éste no realiza examen o peritación alguna.

Así, con el propósito de demarcar la diferencia antes apuntada, debe indicarse que la prueba testimonial consiste en relatar hechos que le constan a quien la rinde por haberlos presenciado o percibidos, es un conocimiento empírico, mientras que en la prueba de experticia se presenta un informe o dictamen que presupone un bagaje basado en conocimientos técnicos, artísticos o científicos donde se vierte una opinión sobre hechos acontecidos o por acontecer, vale decir, hechos pretéritos, presentes o futuros; por otro lado, las deposiciones testimoniales son narraciones de hechos, no pueden consistir en opiniones, no pueden contener juicios valorativos, mientras que los informes periciales son precisamente apreciaciones o evaluaciones técnicas motivadas sobre los datos, elementos o demás cuestiones fácticas a dilucidar en el proceso; el testigo declara siempre sobre sucesos extraprocesales, el experto aunque prima facie también lo hace, pudiera ser consultado sobre posibles o eventuales efectos o consecuencias de hechos ocurridos antes o durante el proceso; el experto puede ser reemplazado o sustituido por otro que reúna las condiciones, es fungible, mientras que los testigos no.

d.- ¿Pruebas Preconstituidas?

En otro orden de ideas, se ha dicho que las instrumentales bajo examen  deben ser consideradas como pruebas preconstituidas, vale decir, aquéllas elaboradas con vistas a un futuro proceso que no necesariamente se dará, pero que las partes las procuran como una medida de prevención, para aquellos casos en los cuales la litis se llegara a plantear efectivamente, los cuales constituyen un supuesto diferente al aquí analizado.

e.- ¿Pruebas Libres?

Ante el rechazo de toda la argumentación anterior con respecto a la naturaleza jurídica de los referidos medios probatorios, cabe proponer que los mismos sean considerados como «pruebas libres», cuyo know how (propuesta, promoción y evacuación) ya fue señalado precedentemente. En este supuesto, la valoración que a tales medios, como todos los demás, debe forzosamente estar circunscrita dentro de los parámetros de la sana critica.

4.- Otras Consideraciones.

¿Es justo que en un proceso donde se hayan promovido documentales emanadas de profesionales de la medicina que ejercen de manera privada o particular y sus suscribientes no hubieren comparecido al Tribunal a ratificar su valor fedatario, los mismos sean desechados siguiendo el errado patrón de valoración tasado en el Código de Procedimiento Civil y en el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo? Esta inferencia, además de constituir un incumplimiento al desideratum constitucional de que el proceso es un instrumento sustancial o de primer orden para la consecución de la justicia, representa un claro desacato al lineamiento ordenado de valorar las pruebas según las reglas de la sana crítica y configura un incumplimiento por parte del juez de la carga mayor que le impone el artículo 5 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, como es la de inquirir la verdad por todos los medios de pruebas a su alcance y de intervenir en forma activa en el proceso, obligación ésta reforzada en el Artículo 156 eiusdem cuando señala que el Juez de Juicio podrá ordenar, a petición de parte o de oficio, la evacuación de cualquier otra prueba que considere necesaria para el mejor esclarecimiento de la verdad.

Como circunstancia concomitante a la posibilidad de excusarse que tienen los galenos, debe apuntarse que, es muy frecuente en la práctica judicial diaria, la incomparecencia a la convocatoria a la audiencia de juicio que se le hace a los médicos que expidieron los informes, constancias, certificaciones o récipes, ello por variadas razones, entre las cuales cabe mencionar: las complejas y múltiples ocupaciones que tienen estos profesionales, la dificultad para ubicarlos o trasladarlos a la sede judicial, tanto por las emergencias como por las consultas que éstos deben atender con prioridad a cualquier otra cosa, amén de cualquier otra circunstancia o causa imprevista o de fuerza mayor que pudiera presentárseles, ausencia ésta que no debe conducir al juez en ningún caso, a desechar tales instrumentos, mas aun si se tiene presente que, la normativa que prevé el supuesto de incomparecencia injustificada de los expertos privados a la audiencia de juicio, es entendida como un desacato a las órdenes del Tribunal y tiene como punición una multa de hasta diez unidades tributarias,[11] nunca que el contenido de su informe sea desestimado, lo cual evidencia un tratamiento sancionatorio totalmente diferente ante una misma conducta procesal.

A manera de conclusión, debe colegirse que los informes, certificados, y/o constancias expedidas por profesionales que ejercen la medicina de manera particular o privada que el actor introduce en el proceso laboral junto con el libelo o en la audiencia preliminar como instrumentales que acompaña en apoyo de su pretensión o, en su caso, el demandado en sustento de sus defensas, no deben ser apreciados o calificados como documentos privados emanados de terceros y en consecuencia, no pueden ser catalogados como aquellos a los que hace referencia el artículo 79 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo,  ergo, no debe imponerse la carga adicional de tener que ser ratificados por sus suscriptores en calidad de testigos, sino que deben ser considerados como auténticos dictámenes periciales y sometidos, como todos los medios probatorios en el ámbito jurisdiccional laboral, a una valoración inspirada en  las reglas de la sana crítica, de acuerdo con los principios generales de esta ley y no como una prueba tasada, sistema éste según el cual, la mesura que debe dar el juzgador a los medios probatorios viene delimitada por el valor o eficacia que le ha sido asignado previamente por una norma jurídica.

La propuesta de asumir esta perspectiva tiene la pretensión, de que una vez por todas se destierre el clásico tratamiento valorativo que como «documentos privados emanados de terceros que no son parte del proceso» hasta el presente se les ha conferido, en el entendido de que éstos últimos están referidos a instrumentales que develan otro tipo de declaración, tienen otro contenido que no es de naturaleza médica o asistencial.

Finalmente, es preciso destacar que de manera contrapuesta, la metodología para la evacuación y la apreciación de los dictámenes, certificaciones y/o informes emanados de médicos que laboran en hospitales y entidades públicas es total y absolutamente diferente. A este respecto, debe indicarse que, se les ha reconocido la naturaleza jurídica de documentos administrativos a tales instrumentos, toda vez que emanan de una institución cuya función es la de prestación de un servicio público, característica que le da el carácter en cuestión[12] y en tal razón no deben cumplir con ninguna otra formalidad o diligencia procesal adicional para ser estimadas. (más…)

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DOCUMENTOS SUJETOS A REGISTRACION. REGISTRACION EN MATERIA DE PERSONAS Y BIENES: SUS EFECTOS. ESPECIAL MENCIÓN DE LOS DOCUMENTOS DE CONDOMINIO Y DE PARCELAMIENTO. PROHIBICIONES DE REGISTRAR.

INSTRUMENTOS:

  1. Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela fecha 24 de marzo del 2000. G.O.Nº 5.453.
  2. Código Civil de Venezuela. G.O.Nº 2990 extraordinario de fecha 26 julio 1982.
  3. Ley de Registro Público: Decreto Nº 3251 de fecha 29 de enero de 1999. G.O.Nº 36.632.
  4. Decreto con Fuerza de Ley de Registro Público y del Notariado (G.O.Nº 37.333 de fecha 27 nov.2001)
  5. Ley de Venta de Parcelas del 18 de agosto de 1983 (G.O.Nº 3.242).
  6. Ley de la Propiedad Horizontal Gaceta Oficial N° 3241 Extraordinario de fecha 18 de Agosto de 1983.

DOCUMENTOS SUJETOS A REGISTRACION.-

A manera de preámbulo, es necesario conocer que el autor Guillermo Cabanellas en su obra “Diccionario de Derecho Usual” ha expresado:” Algún miope traductor lanzó y por inadvertencia ha arraigado en algunos sectores el barbarismo de registración”. La cátedra respeta ese criterio y lo comparte. Los documentos sujetos a registro: son aquellas escrituras o instrumentos con que se prueba o confirma un acto: patentizar un hecho o poder demostrar la existencia de una obligación de dar, hacer o no hacer, que al registrarse se le confiere fe pública con las solemnidades legales.

Si bien son registrales las sentencias o actos judiciales que declaren la existencia de algún derecho real sobre inmuebles, para hacerlo es necesario que la sentencia o acto, al igual que los voluntarios de transmisión o gravamen, aparezca el título registrado que va a soportar la nota marginal correspondiente, pues lo contrario conduciría al absurdo de título de propiedad sin tracto previo. Por tanto, si alguien carece de título de propiedad o dominio registrado nada puede transmitir o ceder. Leer, copiar y analizar los artículos 1848 y 1920 del Código Civil.EN EL CÓDIGO civil en su Libro Tercero (De las maneras de adquirir y transmitir la propiedad y demás derechos), Título XXII (Del Registro Público), Capítulo II, Sección I, (De los títulos que deben registrarse), encontramos en el Artículo 1920, los actos que deben registrarse:

Art. 1920 Código Civil:

  1. Todo acto entre vivos, sea a título gratuito, sea a título oneroso, traslativo de propiedad de inmuebles o de otros bienes o derechos susceptibles de hipoteca;
  2. Los actos entre vivos que constituyan o modifiquen servidumbres prediales, derecho de uso o habitación, o que transfieran el ejercicio del derecho de usufructo;
  3. Los actos entre vivos, de renuncia a los derechos enunciados anteriormente;
  4. Los actos de adjudicación judicial de inmuebles y otros bienes y derechos susceptibles de hipoteca;
  5. Los contratos de arrendamientos de inmuebles que excedan de seis años.
  6. Los contratos de sociedad que tengan por objeto el goce de bienes inmuebles, cuando la duración de la sociedad exceda de seis años o sea indeterminada.
  7. Los actos y las sentencias de las cuales resulte la liberación o la cesión de alquileres o de rentas aún no vencidas, por un término que no exceda de un año;
  8. Las sentencias que declaren la existencia de una convención verbal de la naturaleza de las enunciadas anteriormente.

En el Art. 1921 C.C., contemplan que deben igualmente registrarse:

  1. El decreto de embargo de inmuebles;
  2. Las demandas a que se refieren los Art. 1279, 121, 1350. 1466 y 1562.

Art. 1922 Código Civil: se contempla que debe registrarse toda sentencia ejecutoria que pronuncie la nulidad, de la resolución o la revocación de un acto registrado.

Art. 1923 Código Civil: contempla que para poder registrar un documento privado es necesario que la firma de los contratantes, o la de aquel contra quien obran haya sido autenticada o comprobada judicialmente. Las sentencias y los actos ejecutados en País extranjero deben legalizarse debidamente.

DOCUMENTOS QUE SE DEBEN PROTOCOLIZAR ANTE LA OFICINA PRINCIPAL DE REGISTRO:
En la oficina Principal de Registro se hará el Registro de los Documentos siguientes (Art. 42 y 66 Ex-Ley LRP).

  1. Títulos o Diplomas Profesionales, Académicos de Universidades o de Institutos de Educación Superior.
  2. Títulos científicos;
  3. Títulos Eclesiásticos y Despachos militares.
  4. Patentes de Navegación
  5. Nombramiento de Empleados Públicos que deban ser registrados.
  6. Manifestaciones de voluntad de ser venezolanos, en los casos que lo exige la Constitución:
  7. Los demás documentos que ordenen registrar el las leyes respectivas.
  8. Los duplicados de los Protocolos, Índices y demás libros y documentos que deben enviarse las Oficinas Subalternas de Registro.
  9. Los expedientes oficiales concluidos los duplicados de los registro civiles en su jurisdicción.
  10. Las copias de los Asientos de los Registros de Poderes.
  11. Todos los demás Libros, Expedientes y Actuaciones de todas las Oficinas Públicas, cuya conservación no corresponda a otros archivos por virtud de alguna Ley o Disposición Especial.

DOCUMENTOS REGISTRABLES POR ANTE LAS OFICINAS SUBALTERNAS DE REGISTRO:

En las Oficinas Subalternas de Registro Público se protocolizarán los documentos de la siguiente manera (Art. 43 DFLRYNP o Art. 69 Ex lex LRP).

En el PROTOCOLO PRIMERO, para los siguientes documentos:

  1. Que contengan declaraciones, transmisión, limitación y gravámenes de la propiedad, para todo contrato, declaración, transacción, partición, adjudicación, sentencia ejecutoria, o cualquier otro acto en el que se declare, reconozca, transmita, ceda o adjudique el dominio o propiedad de bienes o derechos reales o el derecho de enfiteusis o usufructo, a excepción de aquellos actos de deban registrarse en el protocolo tercero.
  2. Para la constitución del hogar.
  3. Para los contratos, declaraciones, transacciones, sentencias ejecutorias y otros actos en que se establezcan sobre inmuebles, derechos de uso, habitación o servidumbre o se constituyan anticresis, hipotecas o se divida, se traslade o se reduzca alguno de esos derechos.
  4. Donde se arrienden bienes o se adelantan pensiones de arrendamiento o se constituyan, modifiquen, prorroguen, o extinguen sociedades civiles,
  5. Donde se limite de cualquier manera la libre disposición de inmuebles pertenecientes a las sociedades y para toda especie de fianza, pagarés u otras obligaciones por haberes pertenecientes a la Renta Nacional.
  6. También deben ser registrados en este mismo Protocolo:
  7. Las declaraciones, los denuncios, los permisos, los contratos, los títulos, las concesiones y los demás documentos que conforme a la Ley de Minas e Hidrocarburos y demás minerales combustibles deban registrarse y no tengan señalado Protocolo Especial en la Ley de Registro.
  8. Los contratos de opción para adquirir derechos de todas clases, las copias de libelos de demanda para interrumpir prescripción y surtan otros efectos; y
  9. Los contratos de Prenda Agraria.

En el PROTOCOLO SEGUNDO para los documentos concernientes:

  1. Asuntos matrimoniales, tutelas y curatelas,
  2. Para las capitulaciones matrimoniales, donaciones por causa de matrimonio, sentencias de divorcio o de separación de cuerpos.
  3. Adopción y emancipación de hijos, reconocimiento de hijos nacidos fuera del matrimonio o cualquier acto registrable que verse sobre las relaciones o derechos entre cónyuges o entre estos y los hijos, y de los hijos entre si respecto de sus estados.
  4. Para el discernimiento de las Fianzas de Tutela y Finiquitos de Cuentas de los Tutores y para todo lo relativo a menores, entredichos o inhabilitados o a sus bienes del ausente y cualquier otro acto relativo a la administración y disposición de éstos.
  5. Para los actos que determina el Título XII del Libro Primero del Código Civil, o sea de los no presentes y de los ausentes.

En el PROTOCOLO TERCERO para los documentos concernientes:

  1. Mercantiles y toda especie de mandato, incluso los Poderes otorgados para fijar esponsales o contraer matrimonio.
  2. Para todo contrato o acto que se mande a registrar por alguna disposición del Código de Comercio.
  3. Donde se constituyan, modifiquen, cedan, traspasan, prorroguen o extingan Sociedades Mercantiles que comprendan inmuebles o ñeque se aporten éstos a las mismas.
  4. Para todos los demás contratos, transacciones, arbitramentos, decisiones judiciales y cualquiera otros actos que no tengan protocolos determinados,
  5. Los que se presenten para su protocolización por vía de autenticación.

En el PROTOCOLO CUARTO para los documentos concernientes a:

  1. Testamentos o codicilo,
  2. Para los actos relativos a sucesiones testadas o intestadas,
  3. Para los que por su naturaleza no correspondan al Protocolo Primero.

REGISTRACION EN MATERIA DE PERSONAS Y BIENES: SUS EFECTOS.

Es necesario para el registro de personas y bienes que se den algunas características legales que le son sui generis.En lo que respecta al registro de personas, se refiere especial y únicamente a personas naturales.
El Art. 6 de la Declaración de los Derechos del Hombre establece:” Todo ser humano tiene derecho en todas parte, al reconocimiento de su personalidad jurídica”.

En Venezuela el Código Civil en su Art. 24 clasifica a las personas en Venezolanos y Extranjeros.
Los Art. 25 y 26 del Código Civil: tratan la precitada clasificación:”Son personas venezolanas la que la Constitución y la República declara tales” y “Las personas extranjeras gozan en Venezuela de los mismos derechos civiles que las venezolanas, con las excepciones establecidas o que se establezcan. Esto no impide la aplicación de las leyes extranjeras relativas al estado y capacidad de las personas en los casos autorizados por el Derecho Internacional Privado”.

La Persona se halla definida en el Código Civil:

Art. 16: Todos los individuos de la especie humana son personas naturales. Esta norma implica se objeto de derechos y obligaciones, principio éste que reafirma el Art. 43 de la CNRBV ” Todos tienen derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad” Art. 46 CNRPB: ” Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral, en consecuencia…”

La CNRBV en su Art. 156 Ordinal 5 atribuye al Poder Nacional: “Los servicios de identificación y de Policía Nacional”, de la misma manera la Ley Orgánica de la Administración Central en su Ordinal 8º del Art. 24 trata lo relativo al Registro Civil. Con este nombre (Registro Civil) y con el de Registro del Estado Civil, se conoce la Oficina Pública confiada a la autoridad competente, y a los necesarios auxiliares (empleados), donde consta de manera fehaciente -salvo impugnación por falsedad- lo relativo a nacimientos, matrimonio, emancipación, reconocimiento y legitimaciones de hijos, adopciones, naturalizaciones, vecindad (domicilio) y defunciones de las personas físicas o naturales,

El Sistema por el cual lleva a cabo el Estado la actividad constitucional de identificación es el Registro Civil; lo cual está regulado en el Código Civil, Título XIII Del Registro del estado Civil, Capítulos I al IX, Art. 445 al 523. La finalidad principal del Registro es la constatación del nacimiento, estado civil y defunciones de las personas.

EFECTOS O CONSECUENCIAS DEL ESTADO CIVIL

Los distintos estados civiles producen innumerables efectos, nos contentaremos con mencionar los principales:

  1. El Estado civil influye en la determinación de la capacidad jurídica o de goce de las personas: En cambio, en el derecho vigente no depende del estado civil, la atribución de la personalidad jurídica a los individuos de la especie humana, ya que todos ellos son personas a diferencia de lo que ocurría en el Derecho Romano, conforme al cual carecían de personalidad quienes no tenían el “status liberatis”.
  2. El esdo civil influye en la determinación de la capacidad de obrar: así por ejemplo, el menor de edad casado tiene mayor capacidad de obrar que el menor de edad soltero.
  3. El estado civil influye decisivamente en la atribución de derechos, poderes y deberes a las personas: así por ejemplo el estado de padre es presupuesto del conjunto de derechos, poderes y deberes que implica la patria potestad respecto de los hijos; de derechos y deberes alimentarios, de derechos sucesorales y otros.

EFECTO DEL REGISTRO DE BIENES:

Pueden variar de un acto a otro.

  1. Hay algunos actos que aún cuando no se han registrado producen efecto entre las partes que los suscriben, aún cuando para ellos se exijan las formalidades del registro. Ejemplo: la compra-venta de un inmueble.
  2. Hay otros actos que no surten efectos ni aún entre las partes cuando no han sido registrados, como sucede con la constitución de una hipoteca; Art. 1879 C.C.: “la hipoteca no tiene efecto si no se ha registrado con arreglo a los dispuesto en el Título XXII de este Libro, ni puede subsistir sino sobre los bienes especialmente designados, y por una cantidad determinada de dinero”.

ESPECIAL MENCIÓN DE LOS DOCUMENTOS DE CONDOMINIO Y DE PARCELAMIENTO

DOCUMENTOS DE CONDOMINO. CONCEPTO:

Es un instrumento en el cual, el dominio o propiedad de una cosa perteneciente en común a dos o mas personas, se plasma a los fines de definir el uso y disfrute de las cosas comunes y se establecen los gastos comunes del objeto del condominio. Es una titularidad compartida. Antes de decidirse a la enajenación de cualquiera de los apartamentos, locales de un edificio o un conjunto residencial, el propietario o los propietarios de los inmuebles declaran por documento protocolizado en la correspondiente Oficina Subalterna del Registro, su voluntad de destinarlo para ser enajenado por apartamentos, viviendas o locales. Este requisito es previo APRA poder vender. Este documento contendrá además de la descripción de los títulos inmediatos de adquisición, los pisos, apartamentos y dependencias de que consta; especificación de linderos de los apartamentos y locales, descripción de cosas comunes generales. Entre los requisitos de este documento están: agregar planos y permiso de habitabilidad. Debe acompañarse de un Reglamento de Condominio. También de la descripción de las cosas comunes, el destino del edificio, vivienda, club de recreación, etc. Asimismo el valor que se da al edificio y a cada uno de los apartamentos con los porcentajes correspondientes sobre el valor total; hipotecas y servidumbre que pesen sobre la propiedad y consentimiento del acreedor hipotecario. ANEXOS: Los planos que hay que acompañar son los de ubicación de la parcela, plantas sótanos, planta baja, planta tipo pent house. También deben acompañarse planos de electricidad y plomería para facilitar reparaciones futuras.

Cuando hay disparidad de criterios entre lo no previsto en el Documento de Condominio (o el Reglamento), y la Ley de Propiedad Horizontal, hay que aplicar la Ley de Propiedad Horizontal.

REGISTRO EN MATERIA DE VENTA DE PARCELAS:

La Ley de Venta de Parcelas data del 18 de agosto de 1983 y está destinada a regir (GO 3242) “Las enajenaciones de inmuebles urbanos y rurales por parcela y por oferta pública”.

Se entiende por oferta pública a los fines de esta Ley la que se haga por cuales quiera de los medios usuales de propaganda comercial.

Esta ley fue reglamentada por el Reglamento de Parcelamientos rurales del 14 de mayo de 1976, el cual dispone en su Art. 1º: que la “enajenación de los inmuebles rurales por parcelas en oferta pública se regirán por la Ley de Reforma Agraria o por la Ley de Venta de Parcelas, en cuanto le sean aplicables por este reglamento. Al efecto se reglamenta que en los documentos de parcelamientos rurales deberán asignarse expresamente que han sido autorizados por el Instituto Agrario Nacional, señalando la resolución y estarán acompañados de copia certificada de dicha resolución que deberá agregarse al Cuaderno de Comprobantes al efectuar la protocolización respectiva.

REQUISITO PREVIO PARA EL REGISTRO: (Art. 2 Ley de Venta de Parcelas)

Artículo 2° LVP: “Antes de proceder a la enajenación de un inmueble por parcelas y por oferta pública, el propietario o los copropietarios protocolizarán en la correspondiente Oficina Subalterna de Registro de la ubicación del inmueble, un documento que se denominará “Documento de Urbanización o Parcelamiento”, en el cual harán constar:

  1. La voluntad de destinar el inmueble a la enajenación por parcelas;
  2. La denominación del inmueble, si la tiene, y su ubicación, área, linderos, medidas y demás características que sirvan para hacerlo conocer distintamente;
  3. La relación cronológica de los títulos de adquisición en los veinte años anteriores, con indicación de la naturaleza de estos títulos y de la fecha y datos de registro de los documentos correspondientes;
  4. El porcentaje que represente el valor atribuido a cada parcela en relación con el valor fijado para la totalidad del área destinada a la venta, a los efectos del artículo 13 de esta Ley;
  5. El número de parcelas en que se dividirá el inmueble conforme al plano de urbanismo o parcelamiento, con indicación a su vez del número de parcelas destinadas a un mismo uso y con igual zonificación;
  6. Las condiciones generales de urbanización o parcelamiento, y, especialmente, la relación de las obras y servicios esenciales con indicación del término dentro del cual estarán terminadas y en capacidad de cumplir cabalmente su finalidad de conformidad con las leyes y ordenanzas municipales, así como la constancia de la aceptación de los respectivos proyectos por los organismos competentes.
  7. Los gravámenes y las limitaciones de la propiedad que existan sobre el inmueble, con indicación de la fecha y datos de registro de los documentos respectivos.

Parágrafo Único: La protocolización de los documentos exigidos en este artículo podrá ser hecha para sectores parciales de la urbanización o parcelamiento general proyectado, en cuyo caso sólo se podrán ofrecer y enajenar las parcelas comprendidas en dichos sectores.

NEGATIVA DEL REGISTRADOR Y NOTAS MARGINALES:

Artículo 3 LVP: El Registrador no protocolizará el Documento de Urbanización o Parcelamiento si no contiene todas las menciones exigidas por el artículo anterior al protocolizar el documento, deberá estampar las notas marginales a que se refiere el artículo 1.926 del Código Civil.

Establece el Art. 3 de la Ley de Venta de Parcelas que cuando el documento de Urbanización o Parcelamiento no contenga todas las menciones del Art. 2, el Registrador NO PROTOCOLIZARA el documento, pero la excepción a esta regla la dispone el Art. 24 de la Ley en su párrafo único donde dice: Parágrafo Único: Cuando la enajenación del inmueble prevista en este artículo hubiere concluido sin haber terminado las obras y servicios determinados en el inciso f) del artículo 29 de esta Ley, los adquirientes de parcelas podrán pedir judicialmente la fijación de término para la ejecución de aquellos.

MODIFICACIONES Y REFORMAS AL PARCELAMIENTO: (Art. 4 LVP)

Artículo 4°. Las modificaciones o reformas en la zonificación de la urbanización o parcelamiento que fueren aprobadas por las autoridades competentes, con posterioridad a la fecha de protocolización del documento requerido por el artículo 29 de esta Ley, se harán constar en un documento que también será protocolizado.

El documento mencionado deberá acompañarse con los planos y memorias técnicas correspondientes, que serán agregados al respectivo cuaderno de comprobantes, y el Registrador estampará la nota marginal pertinente.

SANCIONES: Previstas en el Art. 5 LVP

Artículo 5 LVP: Toda enajenación por parcelas y por oferta pública será nula si no se hubiere protocolizado previamente el correspondiente Documento de Urbanización o parcelamiento. El propietario o los copropietarios de un inmueble que procedan a su enajenación por parcelas y por oferta pública sin haber protocolizado el Documento de Urbanización o Parcelamiento serán castigados con prisión de cinco (5) a veinte (20) meses.

NOTA MARGINAL: Al protocolizar el documento, deberá estampar las notas marginales a que se refiere el Art. 1926 del Código Civil. “Cuando se registre un documento en el cual se renuncie, se rescinda, se resuelva, se extinga, se ceda o traspase algún derecho, o se modifique algún acto, se pondrá en el instrumento donde se había declarado o creado el mismo derecho, o hecho constar el acto, una nota marginal en la cual se expresan dichas circunstancias, y la fecha y la oficina en que se ha efectuado el registro.Si este instrumento se halla en una oficina o en un despacho distinto de aquel donde se registre el instrumento de renuncia, rescisión, resolución, cesión, traspaso o modificación, El Registrador de este último, a solicitud de cualquiera de los interesados, dirigirá un oficio al Registrador de la otra Jurisdicción con inserción del Instrumento Registrado para que se ponga en el instrumento correspondiente la nota marginal de que se trata en este artículo, y para que lo inserte en el respectivo protocolo. Este oficio se conservará en el respectivo cuaderno de comprobantes.

PROHIBICIONES DE REGISTRAR

Las prohibiciones a los Registradores Titulares Subalternos

(Art. 52 de la ex ley del LRP)

  1. Efectuar el Registro de documentos en que el otorgante u otorgantes calumnien o injurien autoridades, corporaciones o particulares o protesten contra las  leyes sancionadas.
  2. Protocolizar documentos en los cuales se omite el valor del bien sujeto del contrato o cuando se exprese un valor manifiestamente inferior al verdadero.
  3. Protocolizar documentos cuando el Registrador le conste la incapacidad de sus otorgantes.
  4. Protocolizar documentos sobre los cuales tenga intereses el Fisco Nacional, sin la previa presentación de la Certificación de Solvencia.
  5. Protocolizar documentos si no se presenta Notificación de Enajenación de Inmuebles y Solvencia de Impuesto Municipal.
  6. Protocolizar documentos sujetos a Leyes Especiales, tales como la Ley de Propiedad Horizontal y la Ley de Venta de Parcelas, sin que se haya dado cumplimiento a las respectivas disposiciones.
  7. Protocolizar documentos Autenticados o Reconocidos que hubieren sido alterados o modificados después del acto de autenticación.
  8. Protocolizar documentos reconocidos no originales,
  9. Protocolizar documentos contra prohibición expresa de un Juez, salvo que se trate de Actas Judiciales de Remate.

Prohibiciones

Artículo 20 DFLRPYN. Se prohíbe a los Registradores Titulares:

  1. Calificar documentos en los cuales sean parte directa o indirectamente, así como aquellos en los que aparezcan su cónyuge, ascendientes, descendientes o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad como interesados, presentantes, representantes o apoderados.
  2. Redactar documentos por encargo de particulares.
  3. Ejercer cualquier profesión o actividad remunerada, a excepción de los supuestos establecidos en el Reglamento del presente Decreto Ley.
  4. Autorizar la inscripción de documentos cuando existan medidas cautelares o de aseguramiento de bienes.
  5. Tramitar documentos que no hayan cancelado los tributos correspondientes.
  6. Las demás establecidas en la ley.